Como todos los miércoles dieciocho y quince visito a mi loquero, por lo que se ve tengo problemas de abandono ¡quién lo iba a decir¡ Me crucé con Lola a la entrada del hospital, ella acababa su turno en la caja del catering bar y yo acudía a mi cita
De un siquiatra uno espera razones y causas pero nunca píldoras. El miedo a que desnude tu infancia o manías inconfesables pronto se evade en beneficio del desasosiego. El doctor debería saber que un hombre se prepara antes de acercarse a su consulta: La motivación, la necesidad, el alineamiento del YO - al que uno se somete durante meses preparando la eucaristía del momento, cae en la más pura desolación cuando acuerdas que hoy tan solo será una toma de contacto… un apunte de datos… Y pasaran los días lentos después y desesperantes; donde no sucederá nada más que los rutinarios repasos para las dosis de la medicación y la confrontación de las analíticas; mientras te preguntas ¡¿Cuándo hablamos de lo mío?¡
El sanatorio se halla en la villa alta, cerca de la subestación y del zumbido de los transformadores de la electricidad. Un lugar sórdido al suroeste de la atalaya donde un día, muchos años atrás Julia y yo salimos una tarde de domingo, kodak en mano con la intención de perpetuar fotográficamente el momento. Debía ser primavera por las imágenes vistas ahora en las instantáneas sobre fondos de hierbas altas y luz de atardecer: verdes, azules y ocres… Guapa Julia de media sonrisa, vaqueros y camisa a rayas, aparece difuminada ya pero resplandeciente aún, joven de cuando no se conoce otra manera. Recuerdo cada camino, todos los lugares, la piedra donde posó para de mi objetivo su número f - cociente que relaciona apertura máxima de diafragma y distancia focal... “profundidad de campo” ahora de mí, de Julia, de aquel lugar, triangulo de exposición en el tiempo eléctrico, crudo y terrible, dulce.. e inevitable a mi memoria postergada de tristeza.
Al filo de la cama pienso
Dejado sobre mí caer, espero
Enciendo, apago la luz...
Hay cosas sobre mi mesita que siempre están
Que no necesito, pero las tengo
Y libros ocupando una silla en la que nunca nadie se sienta.
Un laberinto de carreteras, accesos, caminos y arcenes; confunden ahora este lugar y a mi memoria; intento situar espacio y tiempo pero desconsolado me pierdo ¿es aquí por donde pasamos? ¿allí donde nos sentamos para esta foto? ¿acá desenfunde la cámara que mantenía calada en ristre como ¡alma mía ¡ entorno al cuello, o más allá tal vez? ¿qué le dije? ¿qué me contó? ¿por qué sonreía? ¡Fue aquí y no hace tanto Dios¡ ¿dónde? ¿dónde todo? ¿a dónde va? La vida, el vivirla cada día, es un cúmulo de circunstancias y coincidencias; favorables a veces, otras no… otras las circunstancias te condenan… ellas no hacen nada, tan solo suceden.
Salgo tarde y despistado, de vuelta a casa… tomo mi medicina y leo las indicaciones en el prospecto… luna llena… Puede que esta noche sea otra noche en que recuerdes mi nombre, necesario y aburrido. Pero de esta espero algo especial… como lo he esperado siempre.
© f. buendía.
Almost blue













