sábado, 28 de marzo de 2015

Ahora que tengo un alma que no tenia.




19 Días y 500 Noches

     En el año 1999, Joaquín Sabina creó uno de sus discos más importantes: “19 días y 500 noches”. Que cuando se trata de ausencias, las noches multiplican los minutos. Para muchos es la gran obra maestra de Sabina. El disco total, la pieza sin fisuras. Un trabajo conceptual (la pérdida) que se deja escuchar de principio a fin. Ese que todos los artistas ansían, ese que empequeñece lo hecho hasta ahora y que, ah…, será el espejo distorsionado en el que se mirará tanto su obra anterior como la que depare el futuro. Esa que su creador sabe que permanecerá y encabezará el canon. Sabina sabe que es “su disco”. Por eso está de gira presentándonos a su criatura más perfecta.
Se habla mucho de la producción de Alejo Stivel. Es brillante, acertada, grandilocuente, compacta….Pero con este articulo hablaré poco de música porque ahora quiero hablar de literatura, de poesía.

     Estamos ante unos textos monumentales y deslumbrantes que son cumbre de su repertorio y que, sin duda, están entre lo mejor del cancionero en castellano. Resulta complicado destacar unas letras sobre otras cuando todas son filigrana mayor y desmerecer alguna duele en lo más profundo del alma. “De purísima y oro”, escrita con Antonio Oliver, tendría que estudiarse en clases de literatura. Pero, en realidad, todas se antojan imprescindibles y muestran un dominio de la palabra casi aterrador. Sabina llevaba tiempo indagando con desparpajo en las músicas hispanoamericanas, pero aquí se crece, lo borda y se desborda. Quince años después, “19 días y 500 noches” mantiene su magnetismo, sus canciones son gigantes que proyectan una alargada sombra sobre su obra anterior y posterior.

     “Dijo hola y adiós/y el portazo sonó/como un signo de interrogación”
 En cuanto al contenido, la historia, los hechos más importantes tienen que ver con Argentina. Su relación con Paula Seminara, con la cual vivió un largo romance que como debe ser acabó mal, (…me disculpen este comentario “sabinero”…) quedó marcado en las canciones impregnándola de un sentimiento de pérdida. Hay una fuerte impronta de lo recién vivido. Sus textos son compulsivos y marcados por la pasión. Hasta ahora los  textos de sus canciones hablaban de la mujer perdida, dirigiéndose a ella. Ahora, nos habla de ella, nos la cuenta. Esto ofrece una nueva perspectiva dramática y desgarradora, haciéndonos confidentes. “19 días y 500 noches” y también “Dímelo en la calle” son  puntos culminantes, que consolidan un lirismo propio y alcanzan una madurez definitiva, que convierten a Sabina en un género. Podemos hablar desde entonces de que “algo” es “sabinero” si se me permite. Sus textos parecen orientados a alcanzar la perfección formal, refiriéndome al dominio de la rima. Sus textos son kilométricos, desarrollan un potente mar de imágenes con códigos más surrealistas, inalcanzable para el letrista “medio” (“el caso de La rubia
platino”, por ejemplo) 

     Habla Joaquín: “ Suelo basarme en la realidad lo cual no quiere decir que mis canciones sean una foto o una crónica:  a veces son cosas que me han pasado, a veces son cosas que me han pasado maquilladas, a veces son cosas que me gustaría que me pasaran y a veces son cosas que le han pasado a otra gente”. “No es el mismo el que canta que yo, aunque muchas veces se mezclan más de lo que quisiera” dice Joaquín con respecto a Dieguitos y Mafaldas”. Lo interesante de Sabina es que consciente de esta situación borrosa en que se mezclan la realidad y la ficción, la utiliza como motivo de reflexión en sus canciones. Y esto va mucho más allá de si lo que cuenta es real o no, y abarca reflexiones sobre la moral imperante, los mandatos sociales, los roles y las apariencias, que dan un aire filosófico, sin pretenderlo, y es uno de los atractivos más potentes de Sabina.
Lo específico del arte es su poder de comunicar más allá del relato. Lo que importa de una obra de arte es lo que sea capaz de decir sobre quienes van a leerla u oírla. La suerte de un artista popular, que  no comercial, depende de su habilidad para resolver esta ecuación entre  qué decir y  cómo decirlo.  Las canciones de Sabina, además de tener una categoría poética y de ser inteligentes y astutas son también con frecuencia divertidas y nos invitan a probar, acelerar, disfrutar, a convertir nuestros sueños en realidad mientras estemos a tiempo. Se descubren y se reconocen cosas, se encuentran palabras que nos explican, que abren puertas hacia nuestro mundo interior. Lo que nos gustaría ser o vivir. “Piensen en algo que les gustaría hacer, y Sabina habrá escrito una canción sobre eso, habrá dicho algo sobre esa parte de la vida”,  dice Benjamín Prado.

     “Yo pasaba veladas en su salón y lo veía cantar en un estado muy relajado, sin preocuparse de la técnica”, recuerda Alejo Stivell: “Me parecía que esa forma de cantar no tenía nada que ver con lo que plasmaba en los discos, que sonaban muy lavados”.  (Yo creo, sin embargo, que  las grabaciones de Física y Química, Esta boca es mía y Yo mí me contigo, tienen una excelente producción y su voz suena genial; pero no deja de ser más que una opinión). Continúa Stivel: “yo le decía que por qué no grababa algo en plan crudo, como cantaba a las cuatro de la mañana y un día me dijo que le produjera el disco”.

     “Curramos seis meses en su casa y otros seis o siete en el estudio”, recuerda el productor: “Fue muy largo”. Claro, no entendía que a Sabina le gusta reposar sus hallazgos. Saborear esos momentos únicos en los que sabes que tienes algo grande y disfrutas creando las imágenes perfectas, la palabra adecuada…Tan largo se hizo que Stivel hubo de dar un ultimátum: “una noche, en un restaurante argentino le saqué una servilleta y le dije, “Fírmame aquí que en una semana pierdes el poder sobre el disco, yo lo acabo y sale. Lo firmó, lo tengo guardado”.
Alejo consiguió registrar de Sabina esa voz que él había escuchado. Entonces, Joaquín, más que cantar, decía las cosas. Pero los capos de la discográfica no esperaban ese cambio, relata Stivel: “Al escuchar la primera canción se miraron, me miraron y dijeron ‘no canta’. Claro, tenía la voz mucho más gastada y rota, y yo le había hecho cantar cerca del micro, y no maquillé con ningún efecto esa lija. Pero al rato se acostumbraron y les encantó”. Algo así hizo Daniel Lanois con la voz de Bob Dylan para su disco Time out of mind de 1997, dos años antes.
    
LAS CANCIONES


     En “Ahora que…”, Sabina pasa de hablar de sí mismo a hablar de todos y de todo. Ahora, son sus 50 años. Crea un espacio donde mezcla la realidad del exterior vista desde el interior del personaje  que evalúa, al tiempo que reflexiona: “Ahora que las tormentas son tan breves/y los duelos no se  atreven/a dolernos demasiado” o “Ahora que, sin saber hemos sabido/querernos como es debido/sin querernos todavía”. Un tema solo posible y creíble viniendo de alguien como Joaquín, con su importancia, influencia y prestigio. Hay algo de  yo mirándome a mí ahora mismo a la vista de todos.
“19 días y 500 noches”, la canción que le dio título y le impulsó hasta vender más de 500.000 copias en España, y, que le hace ganar cuatro de los Premios de la Música de la Sociedad General de Autores de España del año 2000, además del Premio Ondas a la mejor canción, es una arrebatadora rumba del desamor: “Es casi un homenaje a Bambino (el rumbero), aunque el pobre murió cuando la estábamos grabando, no llegó a oírla”, contaba Sabina: “No quedó perfecta, me fallaron las gitanillas, pero veo que conmueve incluso a gente poco rumbera”. Otra historia marcada por la lógica sabiniana de las relaciones amorosas: idilio, rutina y pérdida, para luego olvidar, esta vez por la tremenda: “…y fui tan torero por los callejones/del juego y el vino, que ayer el portero/me echó del casino de Torrelodones”. Pero aquí encontramos algo novedoso. Si lo lógico en las historias de pérdida era que el tipo en cuestión arruinara todo para luego lamentarse, aquí por primera vez confiesa que se trata de un caso distinto: “Tenían razón/ mis amantes/ en eso de que, antes, / el malo era yo, / con una excepción; / esta vez, / yo quería quererla querer/y ella no”. El estribillo arroja una sucesión vertiginosa de consonánticos que impresiona. Su poesía se ubica más en lo impactante, por endemoniadamente bien hecho. “No pido perdón, / ¿Para qué? Si me va a perdonar/ porque ya no le importa…/”. Sabina estaba componiendo por encargo esta rumba y vio que le iba gustando cada vez más.”Lo siento, es para mí”. Y estamos de acuerdo en que acertó. Una rumba llena de juegos lingüísticos y humor finísimo. 

     “Barbi Superstar” es “Princesa veinte años después”, anota Sabina. La historia de una estrella que termina estrellada.”Pezón de fresa, lengua de caramelo, / corazón de bromuro”, con un previsible final al fondo del callejón.”…por la M-30, derrapaba el caballo/ de la desilusión”. Frases como esta construyen un escenario marginal del personaje, la Barbie, y el narrador que la amó y admiró y que finalmente la tiene a su nivel luego de estrellarse: “Ayer, hecha un pingajo, / me dijo, en el “tigre” de un bar: / ¿Dónde está la canción, que, me hiciste, / cuando eras poeta?/ Terminaba tan triste/ que nunca la pude empezar”.

     “Una canción para la Magdalena”, es un nuevo homenaje a las “damas de noche”. Pero esta vez se trata de una revisitación que supera a las anteriores: ”Acércate a su puerta y llama/ si te mueres de sed, / si ya no juegas a las damas/ ni con tu mujer”. Es la celebración definitiva. Es la prostituta bíblica que enamora al creador:” El hijo de un dios, / una vez que la vio, / se fue con ella“ instalándola en un presente de luces rojas y amarillas, y gasolineras, lo que le da un estatus de atemporalidad.  Pablo Milanés, autor de la música, contribuye a ese estatus, mediante el uso de arpegios floreados y etéreos. Este homenaje sincero, y la franqueza de la letra, provocó alguna anécdota hilarante, como la surgida por el verso: “y, si la Magdalena/ pide un trago/ tú la invitas a cien/ que yo los pago”. Cuenta Joaquín, que un fan bilbaíno se  tomó muy en serio estos versos, y le mandó la factura de un burdel. Sabina accedió a pagársela, adjuntándole, eso sí, una cita de George Brassens: “la menor reincidencia rompería el encanto”.

     “Dieguitos y Mafaldas”, es una despedida de Sabina a Paula, una ex suya bonaerense, que empieza como una milonga y termina siendo una salsa cubana, uno de los muchos “pastiches”, en definición del productor. Una canción de abandono y soledad profunda en medio de una galería de personajes como Mafalda, Maradona, ¡el propio Sabina artista!, lugares como la bombonera, el Gran Rex y muchas palabras de uso común en Argentina como el colectivo, la pollera o bostera. Todo un cóctel que parece que quisiera desviarnos de la melancolía que anuncia en sus primeros versos: “Veinte años cosidos a retazos/ de urgencias, disimulos y rutinas, / veinte años cumplidos, en mis brazos, / con la carne del alma de gallina”. El bandoneón, aquí, aporta significados, que no dice con palabras. 

     “A mis cuarenta y diez”, Brassens presente, y, de apariencia testamentaria, es una canción gigante donde reflexiona lánguidamente y con una mórbida sonrisa sobre la madurez. Es una nueva versión de la insuperable “Tan joven y tan viejo” pero 10 años después. Por lo que hace que el asunto de la muerte sea tomado más en serio, es decir, ironizando con el tema: “Y, si a mí tumba, os acercáis de visita, / el día de mi cumpleaños, / y no os atiendo, esperadme, en la salita, / hasta que vuelva del baño./ ¿A quién le puede importar, / después de muerto, que uno, tenga sus vicios?.../ El día del juicio final/ puede que Dios sea mi abogado de oficio”. El tono, la manera, el in crescendo, nos lleva a siete minutos de gloria bendita que se pasan en un pis-pas.” Pero, sin prisas, que a las misas/ del réquiem nunca fui aficionado”. Bendito sea. ¿Que al principio nos recuerda al Dylan de Pat Garret y Billy the kid? Ok, pero Dylan NUNCA se atrevería “a salir con la pálida dama”.
“El caso de la rubia platino”, marca un punto y aparte y a otra cosa mariposa. Es una historia ambientada en los bajos fondos y un  homenaje al cine negro en el que un genial narrador, el detective, cuenta su historia de enamoramiento y traición como en una peli de cine negro. Con sus escenas de claros y oscuros. Una letra que alcanza la perfección y una originalidad insultante: “ninguna zorra vale ese dinero/ pensé, mientras dejaba mi sombrero/ nuevo en el guardarropa”.”…la última vez que oí esa melodía/ me recetaron tres años y un día, / más IVA, en la Modelo”. Al final la mata ¿no?: “Ni siquiera, señores del jurado/ padezco, como dice mi abogado, / locura transitoria. / Disparé al corazón que yo quería, / con premeditación, y alevosía/ y más pena que gloria”. Pues mi amigo Horacio, dice que no tiene una conclusión detectivesca. Que no dispara una bala. ¡Qué fenómeno!
    
     “Donde habita el olvido”, título homenaje tomado de un poema de Luis Cernuda, es otro tema de desolación por la pérdida mal digerida. La chica pasó, no la supo retener, y la extraña. En este encuentro ocasional es la mujer la que huye. Hay un dolor por la pérdida irreversible: “…y la sangre al galope/ por mis venas/ y una nube de arena/ dentro del corazón/ y esta racha de amor/ sin apetito. /Los besos que perdí, / por no saber decir:/te necesito”. En la iconografía sabinera, todo lo interesante sucede en la noche;  el día es rutina aburrida. “…desnudos, pero extraños, / nos vio, roto el engaño/ de la noche, la cruda luz del alba”. Si al menos le hubiera robado como hizo la chica de “Medias negras”…No, ahora ya no es divertido, ahora, duele.
     
     La música de “Cerrado por derribo”,que es mía, tenía otra letra en origen, que finalmente saldría como `Nos sobran los motivos´, con muchas referencias argentinas” dice Alejo Stivel. Es otra rumba que me recuerda a “Ruido”. Dedicada a Cristina, es más profunda y desesperada: “Este hacerse mayor sin delicadeza, / esta espalda mojada de moscatel, / este valle de fábricas de tristeza, / esta espuma de certeza, / esta colmena sin miel”. Pero al final reacciona y es consecuente: ”Por las arrugas de mi voz, / se filtra la desolación, de saber que estos son/ los últimos versos que te escribo”. Con ese riff de guitarra que uno no puede más que ¡bailar!

     “Pero que hermosas eran”, narra de un modo teatral y burlesco un currículo de amantes, supongo que ficticios, de una manera novedosa hasta ahora. Con cierto tufillo a Serrat. Combina el buen humor con el machismo tradicional, la excelencia narrativa y la acidez.  “…y yo, que había jurado/ morir sin descendencia, / como murió mi padre”. También desde el humor nos deja unos de sus ripios geniales: “Mi primera mujer era una arpía, / pero, muchacho, / el punto del gazpacho, / joder si lo tenía”. Impresiona la hechura de este larguísimo tema que demuestra la madurez que da la confianza en sí mismo. Y remata la canción: ¿Ustedes me han mirado?/ pedirles, además, que me quisieran/ ¿No les parece que era pedirles demasiado?”
   
     “De purísima y oro” es para muchos hermosa y para muchos desconcertante. Originalmente dedicada a Juan Gelman y posteriormente al torero José Tomas. La descripción es una trama, poco frecuentado en las canciones de Sabina, aunque vemos que se desenvuelve con la misma frescura que con el relato, como indica la primera estrofa, que por sí sola nos mete en el cuadro costumbrista del (según rezan los créditos) Madrid de Agustín Lara: “Academia de corte y confección. / Sabañones, aceite de ricino, / gasógeno, zapatos topolino, / el género dentro por el calor”. El tema hace un viaje nostálgico (sin nostalgia) al corazón de la España franquista. Sabina es hábil al mantener el comentario ideológico al margen. Los hechos hablan por sí mismos: “Y, en un barquito, Miguel de Molina, / se embarca, caminito de ultramar”. Perseguido por la intolerancia y harto de los abusos, debido a su homosexualidad, Miguel de Molina zarpaba para Buenos Aires, donde  encontraría reconocimiento y éxito. “Por Ventas madrugaba el pelotón” (de fusilamiento). ”Maestro, le presento a Lupe Sino, lo dejo en buenas manos, matador”.  La letra de la canción gira en torno al romance entre Manolete y Lupe Sino, y a la época en que les tocó vivir, y tiene un poso de crítica muy duro, sobre todo cuando se refiere a que, al día siguiente de la muerte de Manolete, la prensa habló de muchas cosas, menos del amor de esta mujer por un hombre, que para su desgracia era el mejor torero de todos los tiempos. Tras la embestida mortal de “Islero” en Linares, Lupe Sino acudió al lado de su hombre. Muchos dicen que solo lo hizo por casarse, antes de su muerte inminente. Pero, los mismos que temían, por el destino de su inmensa fortuna y se iban a ver perjudicados, si eso ocurría, se lo impidieron. Hay mucho contado sobre aquella noche, pero quizá, lo que nadie se paró a pensar fue que allí hubo una mujer, a la que no le importó no estar casada para gozar del amor con aquel hombre. Lástima que la historia oficial casi siempre se quede con la versión que algunos manipularon. El resto es una pintura romántica de la que quiero destacar esta frase: “para la inclusa niños con anginas”. A la puerta (la inclusa) del Hospital de  Niños Expósitos de la Puerta del Sol de Madrid, se dejaba a los niños enfermos, a los que no se podía alimentar y a los que nacían de relaciones precoces o deshonestas. Todos ellos eran llamados “incluseros “o “expósitos “. O esta: “para el Corpus retales amarillos que aclaren el morao de las banderas” o “tercer año triunfal con brillantina”. Tres años de dictadura… Una perla de canción. Ojo al aire desgastado de la voz con la que pinta este cuadro de puntillas y crucifijos.



     “Como te digo una co te digo la o”. Parece que en las bases de rap ha encontrado un espacio donde rellenar hojas y hojas de manera compulsiva. Eso sí, manteniendo las formas y brillando como solo él sabe hacer. Esta vez nos sitúa en una escena popular en la que crea personajes convincentes. Sabina explota su habilidad para los diálogos, en este caso dos “marujas”, para deslizar alguna que otra verdad:” ¿Y las religiones?/ Ponme una de cada, / que están en rebajas…”. “¿Y el dinero?/ El único Dios verdadero.” Hay una segunda versión que llega a los 12 minutos.
“Noches de boda”. Cierra el disco con una  letanía de grandes anhelos. Que la vida, nos depare cosa hermosas y duren para siempre: “Que todas las noches sean noches de boda, / que todas las lunas sean lunas de miel”, nos desean los artistas en ese coro de achispados juerguistas. Con introducción y voz de Chabela Vargas.

PD.- Quiero agradecer su ayuda a los “cienes y cienes” de amigos desconocidos, internautas que tanto aman a Joaquín y dedican su tiempo a explicar sus reflexiones y sus gustos sobre el maestro. De los que tanto he aprendido y de los que tanto he recogido junto a mis propias reflexiones en este artículo.

Gracias de corazón.


Agustín Peor Paraelsol. 



lunes, 9 de marzo de 2015

Apresurada



Apresurada.

Dieciséis de septiembre de mil novecientos setenta y nueve, Leo se fue. Pensé que el mundo se hundía y pedí al rojo cielo que me abrasara,  pero ardiera solo yo mientras la nieve caía a mí alrededor…  Lentamente fuego adentro del glacial en que todo sumía…  más todo llegó aquí sin mí… restos del naufragio mecidos a la deriva encuentran sin saberlo  playa. Sobre la arena ahora varada  cada vez que las olas se agitan pienso en porqué aquella noche juntos no prendimos… y el mundo dejara de ser mundo al fin.

Hoy, tercer siglo del segundo periodo potsglacial, he recibido una señal.


© Edith Lasal