jueves, 2 de marzo de 2017

Pero todo cambia…




Pero todo cambia…

            Era todo tan perfecto…  que no recuerdo nada que lo pudiera  estropear… apenas nada. Las cosas son como queramos recordarlas, aunque de entre las que me empeño, esta fue  completa… nada que añadir ¡Todo tan perfecto¡ a veces pienso que puedo volver. Pero La memoria es una vieja desconsiderada, desordenada y caprichosa.

            Cuando llegué a la cuidad, me espantó  el oscuro verdín de sus piedras y la mala olor en el mercado de abastos ¡aquel frio tremendo…¡  también los sonidos pasando de sirenas. Pregunté ¿Qué es? Y me respondieron algo que no entendí – Llevan  enfermos al hospital comarcal con urgencia - ¿Porqué con tanto ruido y con tanta prisa? – Por que pueden morir si no llegan a tiempo – Ni la urgencia, ni al hospital como concepto ni la muerte comprendí;  no eran entonces razones fundamentadas para mi bucólica conciencia… Ni tampoco los cantos en las noches gélidas y oscuras de sirenas.

            A mi llegada las calles eran húmedas de niebla,  el viejo rincón de “La Tienda El Paso" un enigma, un túnel imposible de acertar a qué  lugar o época te llevara, camino del Real… en la otra puerta. Y las miradas perdidas en los portales... fetiches escondidos tras las capuchas blancas que como almas nigromantes bajo los capiruchos de cartón y sus túnicas púrpura, yerguen distraídas aún  las velas;  seres que del todo no murieron  y buscan su tiempo.

            Así sucedió mi primer día y mi primera noche,  y al despertar “¿Era yo el mismo esa mañana? Aunque creo recordar que me sentía  un tanto distinto. Pero si no era el mismo, la pregunta siguiente fue ¿Quién a partir de ahora seria?” 

           De forastero uno se cansa en ciudades como esta,  hecha  sobre escombros de la historia y retales de costumbres viejas. Así que hoy, maestro de lo imperioso y  ama de llaves en la urbe, doy lecciones de silbidos a los recién llegados mientras me aburren sus caras estúpidas de extrañeza… bailo entre los cubos de restos de pescado tras el mercado, desnudo mis manos al fresco… y me rio del fin. Amarrado al mástil escucho desorientado tu voz...

           Más todo es distinto

Subí a la atalaya para mirar lejos esta tarde desde el cerro, pero mi torpe vista miope nunca me dejar ver lo que sé que está allí,  así que lo he imaginado mientras el aire me refrescaba la cara. No tengo ya casi nada, he pensado;  el tiempo  consume las cosas,  el tiempo es así, todo lo acaba y luego te lo hace recordar.  Hoy me he acordado de ti, tarde… ya sabes cómo soy. He recordado el futuro de 2001, contigo en el cine de la Safa, yo llevaba una camiseta amarilla con un eslogan pasado de moda; tu un vestido vaquero y sandalias;  una coletita  te recogía el flequillo largo  atrás del pelo… era invierno, como ahora, del mil novecientos setenta y siete, una odisea en el espacio.  Carmen se sentó entre los dos, la pusimos en ese aprieto, torpes y estúpidos cándidos…     Bajamos las escaleras de salida entendiendo que el futuro seria nuestro.

De lo pasado solemos, aún en la razón, demandar lo que observamos desde un solo lado del conflicto, por lo que resultamos poco objetivos ¡Y así podemos andar siempre sin conseguir entender el todo de lo que realmente nos importa¡ y de lo que realmente sucedió.  Vemos con facilidad la otra parte, sin contemplar apenas la propia nuestra.  Y de la otra, miramos más lo que nos traiciona, impidiéndonos esto valorar otros aspectos que pudieron ser.   Somos así de estúpidos narices,  y a veces el orgullo vence al deseo, en ocasiones también al destino.

¿Qué momento debiéramos recordar? ¿Cuándo se ha de parar la historia? Todas las piedras de la ciudad nos vieron morir siempre, y sin embargo somos nosotros quienes las manejamos y damos forma eterna. Transformamos la materia aportándole el verbo del que carecen, alguien las dejó donde están convirtiéndolas en sello inmortal de nuestra consciencia imperecedera. Consciencia heredada, pues con los escombros de los que se fueron levantaron sus templos quienes llegaron ¿Cuál es el momento bueno, el que debiéramos guarda para siempre? ¿Qué razón tiene la piedra?

Un tipo de cualquier vez, asoma su cara atemporal por una ventana en La Corredera. Mira sin quehacer las cosas que pasan y  muestra alegre su dentadura blanca mellada “Y tú que sonríes, me gustaría decirte que me has dado del día lo más bello”



© f. buendía





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