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sábado, 15 de septiembre de 2018

21 de agosto




 21 de agosto

             Debo buscar razones que justifiquen mi quietud, mi nada más al viento, como los molinos ramell en Sa Pobla – Mallorca,  empujados por una flecha… dejados de lo que una vez fueron al capricho del aire;  gris donde las palas lucieron fuertes de color y ahora solo chirridos y quejas. A eso de tanto andar olvidé la salida, perdí el destino y encontré a cambio de todo tanto que…  apenas nada.  Resignado  a la contemplación cuento estos días embelesado en Linares-Baeza de una en una todas las traviesas de la vía, escucho los trenes que arrancan y en los que a nadie despido, son cuatro millones de pares;   pisan las maderas raíles que escapan cobardes y concomitantes  hacia  el horizonte,  hasta donde mis ojos operados ya no distinguen… Como un trompetista bizco con la cara hinchada… quedo allí sentao oliendo la grasa… viéndolo pasar.

            Esta carta me llegó hoy, yo que nunca recibo… voy a tratar de leerla:

 

                                                          Palacio de las moredas 21 de agosto del presente

            Señor Buendía, a usted que fue solo un rato toda mi vida y que sin entender por qué no lo he    olvidado;  quisiera pedirle que se retire, que sin causticidad entienda que deseo… usted deje de vivir, que muera. Pues debe saber la grave molestia que para mí es su presencia, incluso de oídas la certeza de su existencia…  tan larga y aburrida: en el olvido, en el recuerdo y en el reencuentro... Señor, sepa que solo sus deleitosas torpezas provocaron en mi corazón estas profundas heridas, todas: Sus obsesiones, ensueños y ambigüedades,  aquel absurdo subjetivismo, la exasperación de su extravagancia... los  noes y los síes, los peros…  el desasosiego. Mi querido Fernando,  de mi desaparezca;  sin que malentienda mi gusto espero, pues solo quisiera no volver a necesitarlo… y no encuentro otro remedio para mi bien que su inexistencia. Quisiera  de esta manera recuperar el aliento y volver a dormir con tranquilidad no más que hasta el amanecer reposada y esperar cada día el desayuno descuidada en la cama. Conozca mi malestar el daño y las molestias a lo largo de los años suscitadas, el runm runm incesante en mi cabeza hasta romper en la locura;  asimismo considere  el perjuicio  ocasionado,  lucro cesante por no haber aprovechado  el tiempo de su culpa  perdido…  con otro más elemental  y menos indeterminado.

 

         Entérese también, sepa señor, que especialmente la casa se me hace insoportable en las tardes en que asomada a la ventana miro hacia la esquina del antiguo hospital de piedra cuando por un casual y con aire desgarbado por allí  cruza la decaída caricatura de lo que antes,  Distinguido y olvidado,  usted fue… ¡si bien recuerdo  aún su fina estampa¡  Y con las manos apretadas a la pequeña baranda, trato de cerrar los ojos para no ver… pero usted,  inexcusable pasa.

       Sin más me despido, sin nada, sin quererlo… sin poder ¡ansiado olvido¡ 

                                                                                             Genoveva Oliveira

 

            No sé de quien vino ni debo  querer saberlo, el cartero la dejo en el buzón junto al resto de la correspondencia: recibos domiciliados y saludas de los bancos… Pero ¡el tiempo huye…¡ he leído en esta carta,  hacia atrás de mí ahora… El presente es como el punto de fuga en una perspectiva, es un vértice impropio, situado en el infinito y que solo tiene sentido como referente para recrear la realidad, el pasado y el futuro constituyen las aristas que conforman el volumen. Siempre estamos en el punto de fuga,  impropio, situado en el infinito, pero siempre huyendo hacia cualquier rincón, el que fue o  será... Olvida si puedes que existimos una vez  querida y recuerda que en realidad na fuimos… que solo soñamos… Pero si has de imaginarme, imagíname siempre al acecho...

 

© f. buendía.

 





"Tu pecado tu dios tu asesino"




Tu pecado tu dios tu asesino…


             Es tan larga la espera mientras casi nada la vida,  nada…  ¡tan cansada la insistencia… y delirante es la utopía¡ …tan fatigoso hacer y desleal la perseverancia… Me gustaría escribir una larga carta ahora  para listar mis ambiciones contigo,  disimular entre sus líneas  el deseo… y prometerte besos de por vida, llegar  a viejo contigo… quisiera.  Pero te juro que no pensé jamás… que  pasaría  vergüenza descamisado en tu presencia… de mi cuerpo deslucido  “Tú mal y tú bien, tu pan y tu vino… o tal vez esa sombra…”  Nunca supe que todo eso sería; no en mi fin.

             Suena mientras pienso Nacho Vegas en mi spotify  “Y ahora busco nuevos planes, sobre todo sobrevivir, como un pez sé nadar en un mar de mediocridad “ Es curioso que entre el desasosiego y el no-tiempo; en mitad del caos… a veces llegan mensajes que un rato resuenan; no duran mucho, pero un poco se quedan… humean como una pistola usada y desaparecen después ¡demasiadas señales¡ ¿Crees que puedes soportar durante mucho más tiempo esta consideración?  Es la fe que se mantiene a ambos lados con la convicción de no joderlo todo… de no saber cómo se detiene… sin palabras, asustados… al borde.

         Dos habitaciones grises a cada lado del norte,  idénticas y aburridas, a merced del viento  y el hastío… Y un pasillo eterno por donde  escapa la vehemencia al tempo  que los avisos publicitarios en la televisión… ¡suenan… suenan¡  fuertes por más que bajes el volumen… ¡suenan tarde¡ …hasta enloquecer. Y después todo calla…   Palpita malhablado mi corazón…  tratando de justificar la culpa… entumecido, como viniendo del frio ¡Tack, tack… tack…¡ en esta vida… aterrados, paralizados… sin qué decir… ateridos… fuera de sitio.

         ¿Cómo podría de nuevo fascinarte, hacerte reír… desprenderme de este mal…?  Y,  que a pesar de todo comprendiéramos  “que un solo toque de nuestros dedos podría hacer explotar nuestros circuitos” eso creo, si no se ha convertido también en una ilusión, en la nostalgia de una costumbre ¿qué queda de cierto?  “A veces despierto y toco mi barba, y me pregunto si estoy herido o muerto, si acaso me perseguirán los hechiceros que juraron mi mal bajo la luna… pero nada, solo duermo” y apenas frio.

         No sé si eres a quien  hablo…  no recuerdo cuando dejé de traerte flores… Donde dormíamos el viento ha tirado cosas y la hierba crece entre las habitaciones, el paisaje es de arrugas… el tiempo lo ha movido todo y aunque parezca el mismo lugar, no volveré con flores… ¿Es esto el futuro? porque se parece tanto a la resignación…¡¡¡


 © f. buendía

 







martes, 16 de mayo de 2017

Desorden


Desorden.

       He recordado un día en la casa vieja de Pedro Marín, allí pasamos muchos momentos pero  me he acordado de una mañana, no sé si primavera o verano, el tiempo era muy bueno y sin embargo  no hacía calor. De repente nos pusimos hacendosos, yo no sé qué hacia afuera:   Regaba, limpiaba, desatranqué una cañería de la cocina y barrí el porche;  tú estabas dentro: Salías entrabas,  no podías parar… el recuerdo es muy vago¡¡  pero al final tenías el salón decorado con unos ramilletes de florecillas, ramitas verdes… encantador;  todo tan bucólico¡¡ No lo olvidaré jamás.

       A veces me hacía con las llaves de la casa antigua y nos escapábamos a ella, como a un refugio, un escondite, a  el paraíso… Apenas tú dieciséis, yo diecisiete... "en la punta de tu lengua, en tu respiración, algo, me volvía loco"   Nos miramos y nos sonrojamos un poco al finalizar las tareas domésticas que por alguna razón nos habíamos auto impuesto;  no comentamos nunca nada al respecto… Creo que jugamos a compartir una vida… Siempre he recordado esto con ternura¡¡ es una de esas imágenes que te acompañan siempre sin tener muy claro  el motivo y…  qué es lo que quieren decir.

© f. buendía. 










jueves, 2 de marzo de 2017

Pero todo cambia




Pero todo cambia



            Era todo tan perfecto…  que no recuerdo nada que lo pudiera  estropear… apenas nada. Las cosas son como queramos recordarlas, aunque de entre todas las que me empeño, esta fue  completa… nada que añadir ¡Todo tan perfecto¡ a veces pienso que puedo volver. Pero la memoria trastorna el orden de las cosas dándoles el lugar y espacio que a ella le parece, es una vieja desconsiderada, desordenada  y caprichosa.



            Cuando llegué a la cuidad, me espantó  el oscuro verdín de sus piedras y la mala olor en el mercado de abastos ¡aquel frio tremendo…¡  también los sonidos pasando de sirenas. Pregunté ¿Qué es? Y me respondieron algo que no entendí – Llevan  enfermos al hospital comarcal con urgencia - ¿Porqué con tanto ruido y con tanta prisa? – Porque pueden morir si no llegan a tiempo – Ni la urgencia, ni al hospital como concepto ni la muerte comprendí;  no eran entonces razones fundamentadas para mi bucólica conciencia… Ni tampoco los cantos en las noches gélidas y oscuras de sirenas.



            A mi llegada las calles eran húmedas de niebla,  el viejo rincón de “La Tienda El Paso" un enigma, un túnel imposible de acertar a qué  lugar o época te conduciría camino del Real… en la otra puerta. Y las miradas perdidas en los portales... fetiches escondidos tras las caretas de raso blanco que como almas nigromantes bajo los capirotes de cartón y sus túnicas púrpura, erguían aún  las velas encendidas;  seres que del todo no murieron  y buscan su tiempo.

           

Así sucedió mi primer día y mi primera noche,  y al despertar “¿Era yo el mismo esa mañana? Aunque creo recordar que me sentía  un tanto distinto. Pero si no era el mismo, la pregunta siguiente fue ¿Quién a partir de ahora sería?”

  

           De forasteros uno se cansa en ciudades como esta,  hecha  sobre escombros de la historia y retales de costumbres viejas. Así que hoy, maestro de lo imperioso y  ama de llaves en la urbe, doy lecciones de silbidos a los recién llegados mientras me aburren sus caras estúpidas de extrañeza… Les hablo sobre quien fueron los amos de estas piedras y qué momento debiéramos recordar de ellas, cuándo tendríamos que parar su historia -  Consciencia heredada entre individuos y civilizaciones solapadas, pues con los desechos de los que se fueron levantaron sus templos quienes llegaron ¿Cuál es el instante bueno, el que debiéramos guarda para siempre? ¿Qué razón tiene la piedra? Al atardecer  bailo como un hechicero entre los cubos de restos de pescado detrás del mercado, desnudo mis manos al fresco… y me rio del fin. Amarrado al mástil escucho desorientado cada noche tu voz...



           Más todo es distinto



Subí a la atalaya para mirar lejos esta tarde desde el cerro, pero mi torpe vista miope nunca me dejar ver lo que sé que está allí,  así que lo he imaginado mientras el aire me refrescaba la cara. No tengo ya casi nada, he pensado;  el tiempo  consume las cosas,  el tiempo es así, todo lo acaba y luego te lo hace recordar.  Hoy me he acordado de ti, tarde… ya sabes cómo soy;  he recordado el futuro de 2001, contigo en el cine de la Safa, yo llevaba una camiseta amarilla con un slogan ya pasado de moda; tu un vestido vaquero y sandalias, una coletita te recogía el largo flequillo atrás, liso, castaño tu pelo… Era primavera como ahora del mil novecientos setenta y siete, “una odisea en el espacio” Carmen que nos acompañaba se sentó entre los dos, la pusimos en ese aprieto, tímidos, torpes y estúpidos cándidos… bajamos las escaleras de salida entendiendo que el porvenir seria nuestro.



De lo pasado solemos, aún en la razón, demandar lo que observamos desde un solo lado del conflicto, por lo que resultamos poco objetivos ¡Y así podemos andar siempre sin conseguir entender el todo de lo que realmente nos importa y de lo que sucedió¡  Vemos con facilidad la otra parte, sin contemplar apenas la propia nuestra.  Y de la otra, miramos más lo que nos traiciona, impidiéndonos esto valorar otros aspectos que pudieron también ser.   Somos así de estúpidos ¡narices¡  a veces el orgullo vence al deseo, en ocasiones también al destino.



Un tipo de cualquier vez, asoma su cara atemporal por una ventana en La Corredera. Mira sin quehacer las cosas que pasan y  muestra alegre su dentadura blanca mellada “Y tú que sonríes, me gustaría decirte que me has dado del día lo más bello”



© f. buendía








lunes, 28 de marzo de 2016

Retrovisor


Retrovisor

Nunca hay héroes cuando les llamas, ni sueños que aguanten un despertar

Corría el año de 1967, el mundo me parecía aún pequeño, el río que no tendría fin y después de las montañas nadie que existiera me podría comprender; que nunca jamás nos encontraríamos ellos y yo; yo viviría aquí una vida, por cierto que aún no entendía, y alguien siempre estarían allí… tras las montañas. En ocasiones esos tiempos vuelven ¡carajo¡ olisqueo y los siento, inspiro hondo y ya no están ¡maldito diablo¡


Esperé media vida un cambio de circunstancias, pero son las que son, no hay más,   y la vida esta… me gustaría haber aprendido algo.  He pensado en lo feliz que he sido a veces sin nada, sin apenas nada: una canción, un verano, las sombras y  tu… casi nada.  Sentados en el mármol una tarde de agosto, no sé de quien el portal; creo que de nadie nuestro, quizá de alguien prestado; el calor espantoso y el mármol  fresco, nadie habla y todo inmejorable pasa… Unos chiquillos que  sofocados del calor en la siesta, hartos de jugar paran y se tumban en la piedra, respiran y sienten;  no saben si el mundo pero ese momento es perfecto…  Y no recuerdo más de aquel verano.

Yo andaba buscando alguna razón que diera sentido a mi vida y quiso la casualidad que abajo mismo de mi casa encontrara las rices que pondrían orden a esta historia… Es así como suceden las cosas y también como os las contaré, al modo en que se comportan los naipes en un juego de magia. … A veces tengo miedo, hablo de esa sensación en la que sientes que todo se retuerce y no encuentras las correas ni hebillas donde atar la desesperanza. Miedo que  inevitablemente me precipita a  la indigencia de la noche en que pusimos punto al fin  - Es septiembre y te  tienes que marchar -  Siempre encontraré en la pesadilla que me despierta  esta oración,  como  una sarta,  una  sucesión, el discurso, la invocación...  letanía;  súplica…  a pesar de las horas… de cero.

No es de una tarde que se entendiera, ni dé tiempo a sentir la tristeza… Es el devenir así de traicionero, en ocasiones aguarda y cansa, otras sorprende y no deja espacio al desengaño, ni a la velocidad negativa para vencer la inercia que nos lleva ¿Qué cosa fuera? Que una mañana un puto whatsapp todo lo dijera y yo necesitara semanas después para notar ridícula tribulación sin absolutamente ser ya concurrente la pena. Pero no te preocupes sister, el tiempo lo mide un reloj, es  una maquina… y no existe un instante más que para recordar o para esperar,  no entiende de otra cosa  que de la ocasión y de escoria que no sirve abarrota todos los muladares… a los que  tu y yo nos asomamos para saber que estamos en lo cierto, que sobra lo que arrojamos  a los vertederos
¿Quién eres tú? dueña de esta casa tan vacía, que habitas sin quererlo y de la que huyes eterna cada día ¿Dime quien eres paraíso, cuando llegaste y para qué: inevitable, todo, ausente… tú en mi vida y toda sin ti? ¿Dime quien eres si nunca estas y apareces… cuando ya no hay nada por lo que rezar?    Tenía una buena razón pero me fui el día en que  reventó aquella bomba en mi cabeza…  el vértigo, un runmmm ensordecedor aún resuena dentro de mí. ¿Quién eres tú  que sonríes? ¿Qué escapas cada vez?  ¿Qué nunca llegas? ¿Quién?
¿Qué es lo que nos empuja a enamorarnos…?  Cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras opuestas… un ser invencible… dos partes condenadas  a encontrarse… si mayor… perdidamente…  ¡Leitmotiv¡   …La noche,  la invocación del mas allá el único lugar donde los amantes se encuentran… La bemol mayor… ¡Tened cuidado, tened cuidado…  el sol está a punto de salir…¡  ¿Cómo es posible que nuestro amor continúe eterno…  si tú y yo somos mortales?

¿Tenemos el destino escrito en las palmas de las manos? No hablo de ti, hablo de la vida, de las arrugas que produce, de las viejas cicatrices... de cuando debemos despertar… porque todo ha terminado, de un adiós al ayer, estúpido y paupérrimo;  del antes que nunca desaparece …Y de este endiablado viaje hacia el futuro que nos convierte en pasado a cada metro.  No hay novedad hoy tampoco en las líneas dibujadas sobre la piel de mis manos;  he mirado y visto bajo mi dedo anular el pequeño monte del sol  al que he preguntado como a un oráculo… Nada, nada ha respondido sobre mi suerte, ni bienestar, ni mi talento… Nada sobre mi corazón y su camino… ni que me ayude a continuar, nada… En despigmentación y heridas secas mis manos se pierden.

Sin embargo hoy necesitaría ser tierno y saber decirte lo que quise siempre pronunciar…  lo que tantas veces supe contarte tan mal… Y ser el poeta perfecto, cantar la mejor canción; tener  un motivo; alumbrar una intuición ¡¡ ... en esta noche que no estás y que tu inexistencia velo.

           "Vi las cosas
           más claras
           una vez que estaban… en mi espejo retrovisor."

© f. buendía.




domingo, 20 de marzo de 2016

Arañas pesadillas y ensueños



Arañas pesadillas y ensueños

Señor T mintió, no ha vuelto como anunció. He buscado esta mañana en el desguace hasta encontrar su nombre escrito en una piedra ni siquiera adherida a la tierra si  no suelta, dejada caer sobre otra losa ya usada y vieja;  borrado lo labrado en ella,  desgastada  y apretada contra muchas más… laberinto luctuoso del desorden sin sentido,  caos del fin: Su nombre, sus apellidos y dos fechas cinceladas, apenas nada – 9 del 9 del 54  –  6 del 9 del 15 –  a tres días para su sesenta y un aniversario… la lluvia caía… la oía caer en la cuidad fría, sonaban por San Lorenzo las campanas… sonaba bajo la espadaña like a rolling Stone.

Señor T no encontró su lugar en el tiempo ni tampoco en el espacio, nunca se encontró, de manera que decidió - No ser nada, nunca fue nada ni quiso ser nada nunca, aparte de esto, tuvo en si todos los sueños del mundo -  Ventana de un cuarto en la calle Fuente de las Risas de uno de los millones de gentes que nadie sabe quién es, y si supieran quien es ¿Qué sabrían? – Recuerdo la calle y la casona… el portal y el sótano húmedo, los gritos de una madre eternamente enferma desde la habitación prohibida recuerdo. Y los libros… siempre los libros leídos y ocultos, tapiados al quehacer diario, como si prueba traidora fueran de su refinamiento oculto, siempre queriéndolo ocultar…  Los libros en los que curioseamos todos a escondidas, de los que aprendimos tanto  y que de lo sabido, Señor T tanto nos vacilaba y presumía… un pasito siempre por delante T... ¿para qué sabiduría perdida?.

Y eso viene a demostrar que está bien construir aviones enormes, sembrar algunos campos, cargar tu camión con gasolina,  luchar, luchar, luchar… demuestra que está bien luchar ¡pero¡ ¿dónde debiéramos morir?   Un día mucho tiempo después volvió viejo, demasiado viejo Señor T. sin embargo nada en él había cambiado, aún más la dejadez si acaso, la decadencia y su pelo blanco ralo, la tez enrojecida, un esmerado aspecto desaliñado... su descuidado descuido; y la certeza en la mirada de una despedida… Se sobrecogieron  nuestras almas tardas cuando un ¡apenas nada¡ después comprendieron que la vida para Señor T. iba en serio. 

Señor T. habló de que se aparecería y que al fondo de la cama tiraría de mis pies... Mintió, no ha llegado. Dejo siempre vino en una jarra y galletas de canela en una bandeja de plata, lo dejo por si viene a mí ventana… por si trajera sed de allá donde venga…  dejo, por si galletas deseara… pero hace meses que lo dijo y nunca llega… Señor T. miente.

Son los años como bandidos que irrumpen y te asaltan en los caminos, que se van llevando la infancia unos, otros la juventud, los amores perdidos, las ganas... y lo esconden todo en sus guaridas Dios sabe para qué. Es el tiempo huraño que deja apenas días para recordar lo que nos roba y para añorar lo perdido,  quizá guardado en las toperas de los años bandidos ¡¿para qué?¡ Y se lo van llevado todo, a veces cavan y  entierran lo hurtado y lo tapan con una losa… y una fecha grabada.


© f. buendía.

"Las hojas caen a mi alrededor, es hora de que me ponga en camino
Te doy las gracias, estoy muy agradecido por la estancia tan agradable
Pero ya es hora de que me vaya. La luna de otoño ilumina mi ruta
Porque  huelo la lluvia, y con ella el dolor  va en mi dirección
A veces me encuentro agotado, pero sé que hay una cosa que tengo que hacer..."



jueves, 11 de febrero de 2016

El voyeur




El voyeur

       ¡Je Je¡ hoy me he acordado de aquella noche echados sobre los escalones oscuros en el jardín del instituto. Llevabas el pelo castaño suelto y recién lavado,  con flequillo pero ya un poco crecido cubriéndote las cejas demasiado jóvenes y  aún no depiladas;  tus ojos marrones o ¿grises? ¡diablos¡ no lo recuerdo… ¡miel¡ ahora creo saber  ¡unmm¡ como quisiera volver a verlos.  No olías a nada, solo a ti.  Los labios tenuemente cerrados, gorditos y tiernos,  daban a tu cara ovalada ese aspecto tan serio de lista interesante pero cuando se abrían para sonreír te descubrían cómplice y radiante… hedonistas por doctrina… como yesca para mí  alma. Llevabas puesto un típico vestido tuyo, blanco y suelto bajo el pecho, ceñido a este por un elástico corpiño; facilísimo a mis manos torpes  …y tu cara  tocando mi cara.

        Un imbécil voyeur se acercó gritando, quería asustarnos y vernos de cerca ¡idiota¡ tu rostro cambió de repente  al asombro, a la vergüenza y un poco al miedo ¡animal¡ He maldecido toda mi vida a esos estúpidos que no tiene suficiente con el mal de excitarse espiando a otros,  si no que también humillar psicológica o físicamente al indefenso supera  su gozo; sin saber  siquiera ¡necios¡ porqué ni qué coño es lo que sienten.


       Nos duró poco el sofoco, le dimos unas cuantas voces y lo mandamos a la mierda. Marchamos de allí abrazados, queriéndonos más si entrara en el caber;  tú a mi lado izquierdo, y yo feliz de ti.


© f. buendía



martes, 12 de enero de 2016

Los Solitarios






Los Solitarios

-  Si tu corazoncito me quiere, no habrá remedio  ¡pero¡  si tu corazoncito no me quiere, tampoco habrá remedio,  a pesar de lo que hayas escrito en esta carta mi pequeño paraíso. Mi corazón te quiere princesa, de manera que todo depende de ti.       

Dijo el hombre a la chica quizá traicionado por su madurez, mientras sostenía cómplice el sobre entre sus manos; cómplice con otro tiempo de sí mismo, empático con quien no ha necesitado decidir aún nada importante, referido a lo que esta palabra significa cuando te acercas a la vida que ya depende solo de ti, cuando no hay otra escusa más que la de tu libertad para elegir a dónde y debes señalar el lugar, sin escuchar otra cosa que tu voz. Ella titubeó ahora, dudando sobre la voluntad escrita de acabar aquella relación pues a pesar de su juventud había sopesado parámetros complejos, impropios tal vez para su edad y alejados de la realidad sencilla que un tipo mucho mayor que ella acababa de explicar. Son estos los atrevimientos y también los miedos con los que nos manejamos dependiendo de nuestra suerte y de lo que podamos perder  o ganar      

-           Serás el tipo de mujer que seduciría a cualquier tipo de hombre.

Escuchó estas palabras sin apenas entenderlas, solo muchos años más tarde descubrió que algunas freses están ya pre-hechas para el uso y que se utilizan cuando alguien quiere adornarse con la intención de dar a la conversación un carácter reflexivo en esta ocasión también adulador. Y quiso ver entonces su cara pero apenas le miro, apenas pudo sostener los ojos frente a los de aquel hombre,  enmarcados de arrugas y de tiempo, de pensar, de ver y de estar… que la quería como un loco bisoño pero le hablaba igual que un viejo maestro. Es cierto pensó, nada podré lograr que mi corazón no quiera,  nada… estaré perdida si es lo que quiere, supo.

Cerca del pueblo oía los sonidos del día e imaginaba los de la noche en la ciudad fría, un año nuevo creyó escuchar los aleluyas desde su jardín;  los fuegos de artificio lucían sobre el olivar cada agosto por fin de fiestas… alejada, Celia escuchaba todo olvidando problemas y  preocupaciones de mayores;  se sentaba a desayunar cada mañana a la puerta de su casa y prefería ser feliz sola y mataba si necesario por no llorar. El Galleta, pequeño mil leches azafranado se acercó prudente esperando su pizco de tostada con mermelada de tomate y se alejó mascando y volvió después y se marchó… no lejos; es el típico animal que busca y que  extraña  pero nunca exige a su ama porque sabe que no ha derecho para sí. Entre las hojas oscuras miradas contra el cielo se cuela la luz y en el estanque se refleja el sol que brilla dentro de sus ojos cuando lee las noticias escritas en el periódico, perdida en las letras mueve despistada con la cuchara el café;  gruñe la taza, silba entrechocando el metal y la loza ¡ riinm, sinch, tit, titc ¡  ¡ riinm, sinch, tint, titc ¡  cuando gira… gira,  ¡ sinch, tit, titc ¡  …da vueltas.

       Reencontró al Román seductor y atractivo a la puerta del especialista ahora un viejito achacado de próstata.

–          Perdone joven ¿Quién va último? - Inquirió el viejo
–          Señor, creo que soy yo –

Y esperó mientras lo miraba frente a frente sentada en uno de los asientos de formica organizados en  largas bancadas  para “desesperar” en la  sórdida sala de espera. No podía dar crédito a la escena, el hombre consumido, un anciano en el ocaso de su vida, explicaba a la acompañante, seguramente su hija, una señora de edad semejante a la de Celia:


–          Ya está, el doctor nos dará ahora el resultado, si es bueno, será bueno y si es malo, no habrá remedio, de nada sirve preocuparse;  ya hemos hecho cuanto está en nuestras manos, todo depende de los resultados. De manera que no te preocupes mi pequeño paraíso.

La enfermera salió a la puerta de la consulta y pronunció el número de Celia, y entró esta para tratar de poner solución de una vez por todas, se propuso, al eterno y  vulgar problema de las pequeñas fugas urinarias que traicionan a la mayoría de las mujeres maduras  -  A cada estornudo, a cada pequeño esfuerzo ¡clops¡  dejándote en evidencia siempre en los momentos más embarazosos ¡diablos¡ por más que cruces las piernas, llegas tarde -  Es una estúpida situación que siempre deja a una mujer enmm… bragas.


Cada día de cada mañana de toda una vida, Celia se preguntó:  ¿porqué escribí esa carta?  Esto dicho así parece de un esfuerzo descomunal pero no es cierto, a lo largo de la vida existen momentos diarios, no se sabe cuándo,  para acordarse de estas cosas; imprevisto, es el recuerdo quien busca su rato y te asalta  para pillarte desprevenido, y para hacer notar que viaja contigo,  dentro. No había vuelto a saber de Román desde entonces, o sí, pero de una forma vaga; sin embargo todos los días la misma pregunta  “¡Porque escribí aquella carta¡” ¿porqué traicioné a lo que para en mi corazón no había remedio? Son la razón y el miedo traicioneros ¿de qué nos previenen?    Celia vivió una vida feliz: un marido adorable con el que comparte dos hijos y del que terminó separada pronto; un trabajo en el que brilla y por el que es reconocida y una casa en el campo, flores y algunos perros, Celia tuvo a su lado siempre un perro;  el sol cada mañana y de noche las estrellas… todo cuanto quería cerca, apenas doscientos metros.

Se cruzó con Román y su supuesta hija a la salida, ellos entrada, de la consulta.

–          Todo bien Celia – escucho.
 –         Sí, sí;  Todo bien Román.
-           “Fue un bonito sueño que no se cumplió, pero que me alegro de haber tenido”  cuídate princesa – Susurró.

El corazón le comenzó a latir como el motor de un tractor que ahogado no termina de arrancar y la sangre de repente toda en su cabeza hervía buscando aire a través de sus pómulos. Huyó, busco agua con la que refrescarse, distancia, tiempo, esfuerzo… otra vez control. Y marchó a casa serena.

El tiempo caprichoso les ofreció al fin este instante, nunca más supo Celia de Román. Sin embargo ahora un recuerdo nuevo formar parte de ese Runm, runm diario, en su cabeza, cada vez más  llena de todas las cosas que le preocupan y que le preocuparon o que añora, las que le sobrecogieron… de las que se arrepiente y da las que se alegra, de las que no ha  pedido ni le pidieron aún perdón.  Es así la vida, porque si ella quiere:  No habrá remedio.



© f. buendía.




viernes, 27 de noviembre de 2015

Les Demoiselles d'Avignon



      Les Demoiselles d'Avignon

El ego es como tener una novia guapa… sale caro, de manera que vivo sin exponerme y muerdo si a casa vienes demasiado.

  Ese verano, dieciséis de julio, llegaron tres chicas al poblado: Juani, Carmen  y Ana; Ana la del bañador estampado en amalgama de azules verdosos, aguados los azules y verdes agua los verdes de mar;  entorna los ojos miel mientras recoge sus brazos alrededor de las piernas sentada sobre un peldaño, Carmen sin querer, quería ser desenfadada y nos mira en la foto descaradamente canalla, conmovedoramente despistada; y Juani la eterna cándida sofisticada, rueda mientras sueña por escaleras en espiral hasta caer en profundos agujeros de los que tanto nos costaba rescatarla.  Herrera y yo nos habíamos ido y ellas estaban donde nosotros debíamos haber estado ese verano, Verde de Covaleda nosotros, seco del Guadalquivir azul en el pantano del salto, las señoritas d´Avignon… rosa.  ¡Qué estúpidos si acaso…¡  ...pasaron las cosas.

“Ella se asomó a la ventana y negó con la cabeza ¿Cómo puede probarse lo que es mentira?”

Uno se cree que todo es corregible pero el pasado es indeleble, fue lo que pasó… eso fue. No recuerdo muchas más caras de aquel julio: una alberca bajo un nogal donde ellas se bañan sin nosotros recuerdo y autobuses adentrándose a los picos de Urbión, el terrible fresco de las noches allí,  pero ninguna cara. Solo  la  de las tres amigas retratadas en traje de baño y sentadas en el porche de la escuela-iglesia que ya no existe... no queda otra cosa que la fotografía  de las tres gracias y un espacio que está solo en nuestro recuerdo distorsionado... guardado en pequeños cubos que componen para la memoria una perspectiva múltiple… la que quisimos que fuera cierta. 


© f. buendía 




sábado, 25 de julio de 2015

Seis y cuarto




Seis y cuarto

            Como todos los miércoles dieciocho y quince visito a mi loquero, por lo que se ve tengo problemas de abandono ¡quién lo iba a decir¡  Me crucé con Lola a la entrada del hospital, ella acababa su turno en la caja del catering bar y yo acudía a mi cita  

 -   ¡Hombre¡ dichosos los ojos ¿cómo estás?  
-   Bien,  bien   -    contesté   -   ¿Y tú?  
-   Ya ves del curro, aquí cambian a los médicos pero yo siempre estoy  -  sonrió

Ella trata de disimularlo pero la pequeña mancha color miel sobre su labio superior, es lo que le armoniza el rostro lechoso de ojos transparentes y salteado con pequeñas pecas como una indomable pelirroja gallega de raíz escocesa, no tengo ni idea, pero me atrevería a decir  

-   ¿Te ocurre algo?   -    preguntó  
-   No, no, nada, una revisión rutinaria con el Urólogo    –    respondí y no sé si lo empeoré  
 -   ¡Ah, ya¡  nada de importancia ¡verdad?    –    dijo de forma espontánea.  

Lola es de  esa clase de persona empáticas que hacen que todo sea fácil, a la más mínima polémica, se pone de tu lado ofreciendo la consideración que tú incertidumbre necesita para que te sientas bien, en ocasiones ¡grande Lola¡ Sin embargo hace exactamente lo mismo cuando quiere expresarte justo lo contrario, solo que  notas  sin necesidad de quedar en evidencia ante los demás,  su desaprobación…   Todo de una forma natural sin alardes, simplemente ella es así. 


            De un siquiatra uno espera razones y causas pero  nunca píldoras. El miedo a que desnude tu infancia o manías inconfesables pronto se evade en beneficio del  desasosiego. El doctor debería saber que un hombre se prepara antes de acercarse a su consulta:  La motivación, la necesidad, el alineamiento del  YO -  al que uno se somete durante meses preparando la eucaristía del momento, cae en la más pura desolación cuando acuerdas que hoy tan solo será una toma de contacto… un apunte de datos… Y pasaran los días lentos después y desesperantes;  donde no sucederá nada más que los rutinarios repasos para las dosis de la medicación y la confrontación de las analíticas;  mientras te preguntas ¡¿Cuándo hablamos de lo mío?¡    

-    Don Remigio ¿de qué me trata?   –   quise preguntar, me miró sobre sus gafas y se sentó mientras repasaba unos documentos  
 –   No estoy seguro, creo que padece un Trastorno mixto  Ansioso-Depresivo   –   manifestó  
–   Quizá algo más, aún no lo sé  
-   ¿Es grave?   –   débil, casi dije como un suspiro  
–   Depende  
-   ¿De qué?      
- De lo que usted haga, de lo que necesite, de la evolución y de las consecuencias   –   quise llorar de impotencia  
 –   Pero no se preocupe, haga vida normal y sea riguroso con los medicamentos así como con la frecuencia de sus visitas a mi consulta, todo irá bien   –   y extendió la receta.

Puntual seis y cuarto vuelvo cada tarde a la cita, antes merodeo cerca del restaurante bar esperando  cruzarme con Lola;  pocas, las tardes que coincidimos suponen mi única terapia, nunca he sabido porqué pero tal vez su sonrisa, sus profundos ojos claros de mirada rápida, no mantenida  para evitar aturdirme…  pienso, o por su propia timidez, no lo sé. Nada espero de Lola pero ¡me hace tanto bien¡ sencilla, sin alarmas ni sorpresas… El desorden de la personalidad es como la pescadilla que se muerde la cola, ni gusta la cola ni ser pescadilla. Nunca sabes que fue primero ¿Un perdido nace o se hace?  Y nunca se recupera del todo:  como el alcohólico, condenados a ser crónicos ¡no vuelvas a pensar en una copa o en cometer torpeza alguna jamás…¡  siempre sereno… sin alarmas, sin sorpresas... todo irá bien... 


            El sanatorio se halla  en la villa alta, cerca de la subestación  y del zumbido de los transformadores de la electricidad. Un lugar sórdido al suroeste de la atalaya donde un día, muchos años atrás Julia y yo salimos una tarde de domingo, kodak en mano con la intención de perpetuar fotográficamente el momento. Debía ser primavera por las imágenes vistas ahora en las instantáneas sobre fondos de hierbas altas y luz de atardecer:  verdes, azules y ocres… Guapa  Julia de media sonrisa, vaqueros y camisa a rayas, aparece difuminada ya pero resplandeciente aún, joven de cuando no se conoce otra manera.  Recuerdo cada camino, todos los lugares, la piedra donde posó para de mi objetivo su número f  - cociente que relaciona apertura máxima de diafragma y distancia focal... “profundidad de campo”    ahora de mí, de Julia, de aquel lugar, triangulo de exposición en el tiempo eléctrico, crudo y terrible, dulce..   e inevitable a mi memoria postergada de tristeza. 


       Al filo de la cama pienso
       Dejado sobre mí caer, espero
       Enciendo, apago la luz...
       Hay cosas sobre mi mesita que siempre están
       Que no necesito, pero las tengo
       Y libros ocupando una silla en la que nunca nadie se sienta. 


            Un laberinto de carreteras, accesos, caminos y arcenes; confunden ahora este lugar y a mi memoria;  intento situar espacio y tiempo pero desconsolado me pierdo ¿es aquí por donde pasamos? ¿allí donde nos sentamos para esta foto?  ¿acá desenfunde la cámara que mantenía calada en ristre como ¡alma mía ¡ entorno al cuello, o más allá tal vez?   ¿qué le dije?  ¿qué me contó?  ¿por qué sonreía?  ¡Fue aquí y no hace tanto Dios¡  ¿dónde? ¿dónde  todo?  ¿a dónde va?   La vida, el vivirla cada día, es un cúmulo de circunstancias y coincidencias;  favorables a veces,  otras no… otras las circunstancias te condenan…  ellas no hacen nada, tan solo suceden.  


Hoy que visito, como todos los miércoles,  seis y cuarto al loquero;   miro el viejo camino y entre mis manos  siento  el cuero claro de la funda, un molde perfecto para la cámara fotográfica y bajo mi dedo índice derecho, nervioso… el botón de disparo.


            Salgo tarde y despistado, de vuelta a casa… tomo mi medicina y leo las indicaciones en  el prospecto… luna llena… Puede que esta noche sea otra noche en que recuerdes mi nombre, necesario y aburrido. Pero de esta espero algo especial… como lo he esperado siempre.



© f. buendía. 

                                                          Almost blue