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lunes, 16 de abril de 2018

El Pozo de “Agua Buena”




                 Como cada mañana, la mujer, cántaro enristre, sale a la calle en busca del pozo de “Agua Buena”; un surtidor artesiano de agua limpia y fresca que es compartido y apreciado por los habitantes del lugar. Mientras espera turno, departe solazada con sus coterráneos. 
               
               El aguador, pájaro tempranero, aúpa cubos del pozo y atiborra con presteza las alcarrazas de su burro de Lucena desde las primeras luces del día. Provee de agua a vecinos y transeúntes. De esta manera saca unos cuartos que le dan para ir tirando.
               
                Federico el barbero, uno de sus puntuales compradores, ya le espera en la plaza, a la puerta del negocio, con su cantarete. Viudo de años y solitario, gusta de levantarse pronto. Se complace observando el movimiento del pueblo desperezándose... devuelve, siempre con buen ánimo, el saludo a los pasantes.
               
                Teresa, la joven asistenta de Don Julián, principal del pueblo, asea con devoción a su párvulo niño con el agua de ayer. Cuando llegue el aguador le rellenara la tina y, con buena maña, se dará a la sufrida tarea de batir la colada; restregando una y otra vez, enérgicamente la ropa sobre la tabla. La sosa, que se añade al jabón para un mejor resultado, ha despellejado sus dedos y, con el tiempo, ajado sus manos.
               
                Ahí viene el panadero voceando sus viandas; trae pan recién hecho, bollos de aceite, trenzas, magdalenas, ochíos y tortas de azúcar…


© Jp del Río





viernes, 26 de diciembre de 2014

Una última cosa


– ¡Hola John! Pasa, por favor. ¿Has venido a matarme, no?
– ¡Joder Brian! Tu siempre tan palmario.
– ¡Te estuve esperando ayer!
– No me gustan los lunes, ya lo sabes. Además, necesitaba pensar un poco.
– ¡No me jodas Johnny! ¿Tú debatiéndote entre el bien y el mal...? No te hago yo profundizando en las convenciones sociales. Haciendo cábalas e intentando dar argumentos a lo que has venido a hacer. ¡Qué más da, hombre! Siempre fueron los mismos, ya los hemos oído antes.
– ¡Es triste equivocarse!
– ¡Que te follen! Lo que es triste es acertar.
– La certeza corre siempre pareja a la verdad, se fundamenta en la propia conciencia... Eso dicen.
– ¡La verdad no existe Johnny, no seas ingenuo! ¡La verdad es una entelequia! Los individuos observamos el mundo y, a través de nuestras impresiones, reconstruimos y manipulamos los hechos según nuestros propios deseos. La falsedad y la verdad no se dan pues en las cosas como si lo bueno fuera siempre verdadero y lo malo, irremediablemente falso. Ya deberías saberlo. Pero… ¡Apúrate Bastardo! Yo en tu lugar ya habría matado por lo menos a diez.
– Es cierto ¡Basta ya de cháchara!
– ¿Podría pedirte una última cosa?
– Adelante, Brian
– ¡Bésame el culo, cabrón!
– ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!


La Nebulosa - © Jp del Río


LHDM- La vida no vale nada (Camino de Guanajuato)







lunes, 27 de octubre de 2014

El orgullo de Dave


          Estuve meses navegando; la muerte me encontró en Marsala y me hizo una señal con la cabeza. Huí desesperadamente… Pasaba las noches en guardia y me animaba cuando entraba la mañana. Pero al día, invariablemente, una nueva noche le sucede y, cuando miras mucho tiempo en el interior de un abismo, resulta irrefrenable el deseo de arrojarse dentro. Yo ya había pensado mas que otros y estaba cansado de hacerlo. Era consciente de que a los verdaderos hombres no les pertenece nada.

          Así que desembarque en Boca Chica. Nada más llegar me hice tatuar por un chamán la palabra “Inmortal” sobre el antebrazo izquierdo poco puede consolar la salvadora creencia en la redención, a quien nunca observó confesión alguna—. Había decidido esperar allí; sentado en el porche, recostado sobre una vieja mecedora, hojeaba el periódico. Después de todo —me dije—, el amor que un día sentí está cada vez más lejos, y este mundo no tolera a los idiotas.

— ¿Y bien, Dave? No tengo mucho tiempo —dijo por fin la muerte acercándose.

— Una gota de lluvia no cambia de decisión mientras cae, ¿verdad? Cae y eso es todo —capitulé con fastidio.

— ¡Así es!  —contesto la muerte.

— ¡Banzai, hijo de puta! —grite con furia arrojándome sobre la parca.


La Nebulosa – © Jp del río.







sábado, 20 de septiembre de 2014

Un hotel de carretera



Llovía, era la una de la madrugada, el control de crucero mantenía la velocidad del vehículo y, después de cinco horas al volante, la monotonía y el agotamiento hacían que mi concentración no fuera la mejor del mundo. Vi aparecer el neón y pensé: “Un pequeño hotel de carretera, es un buen lugar para descansar un rato. Mañana, estaré en casa”.

Baje del coche y me cubrí con la chaqueta tratando de evitar la lluvia. Al entrar, me tope de bruces con una vieja y enlutada señora, que parecía que hubiera estado esperándome.

– ¡Oh! Hola, buenas noches, me gustaría…  

– No se preocupe, –me interrumpió– está todo preparado –he hizo que la siguiera a través de un oscuro y solitario pasillo–. Este es su cuarto –dijo, invitándome a pasar–. Esta noche, no hay nadie más hospedado, así que podrá descansar a sus anchas –aclaró, y se fue.

Mi cuerpo había desconectado hacía rato y parecía aflojarse. Así que, me quite los zapatos y me derrumbe sobre la cama. Podía oír el agua que goteaba desde el tejado, rebotando sobre las bromelias: plof… plof…; en un santiamén, me quede dormido. No debía haber pasado mucho tiempo, cuando unos golpes secos y poderosos me despertaron. ¡Joder con la tranquilidad! –balbucí–. Dándome cuenta de que, por alguna extraña razón, estaba tendido sobre el suelo, y un desagradable olor a podrido inundaba la estancia. Busque el móvil dentro del bolsillo y lo encendí para proporcionarme algo de luz…

– ¡Hostia puta! ¡¿Pero qué mierda es esto, joder?¡ –gritaba mientras, ayudándome de pies y manos, retrocedía espantado hasta dar con mi espalda en la pared.

De pronto, la habitación estaba vacía. Y como si de una broma macabra se tratara, del techo pendía el cuerpo de un tipo abierto en canal, mutilado y putrefacto. No tenía ojos, y de sus cuencas vacías, no paraban de brotar oleadas de larvas y moscas que, un poco más allá, devoraban con avidez lo que parecía ser restos de vísceras y tripas dentro de un cubo de plástico. Entonces, un susurro débil y apagado me llego con un pequeño aliento:

– Huye, corre… corre… –me decía.

– Me volví y ¡Hostias! La vieja decrepita de la recepción estaba allí, hablándome al oído.

Di un manotazo, me levante y salí por patas. Al abrir la puerta, una especie de hálito fúnebre secundado por un coro de voces cadavéricas me sacudió. Corrí, y mientras corría, notaba que algo extraño penetraba entre mi ropa. Entonces corrí aún más, me cubrí la cabeza con los brazos y me arroje contra la puerta de madera y cristal que daba a la calle, rodé por las escaleras y choque contra el pavimento –debí golpearme en la rodilla, porque ahora me duele una barbaridad–, pero me incorpore y seguí corriendo hasta llegar a la carretera, donde me encontraste.

– Pero… ¿Qué me estás contando, Tron? Ese hotel lleva más de veinte años abandonado –sentencio el camionero.


La Nebulosa - © Jp del Río.





martes, 9 de septiembre de 2014

Señuelo


 ¡Tranquilícese señora Cadwell! Su marido está perfectamente, ha sido él quien ha insistido en que la llamáramos... No, usted lo que debe hacer es mantener la calma, nosotros sabemos hacer nuestro trabajo. Recoja lo que necesite, busque a alguien que pueda acompañarla, esta alterada y no conviene que coja el coche en semejantes condiciones, y diríjanse directamente al departamento de urgencias del hospital comarcal... Sosiéguese, le estaremos esperando.

Treinta minutos más tarde, un sedán Lexus LS 600 recorre el camino de la mansión Cadwell en dirección a la carretera principal. Las luces delatan su presencia desde lejos. Al llegar a la cancela que da acceso a la propiedad, el sedán detiene su marcha; su ventanilla izquierda se abre, y una mano precisa activa el mecanismo automático de la puerta. Fuera, guarecidos tras los arbustos, dos tipos observan con detalle las evoluciones de los ocupantes:

 Cariño, tendrás que perdonarme  –se puede oír a la Sra. Cadwell dentro del coche, mientras manosea agitada la bragueta de su acompañante, te prometí una noche especial y fíjate que desastre.

  Míralo de este modo, querida –contesta el acompañante ¡Ojala ese cabrón palme sobre la mesa del quirófano! –la puerta completa su recorrido y el coche reanuda la marcha.

  Si, ese es el coche y esos son ellos ¡Adelante con lo previsto! –decreta el sr. Cadwell surgiendo de la espesura.

Según se aleja por la carretera, el teléfono del Lexus comienza a sonar, la Sra. Cadwell descuelga y… ¡Boom! El coche salta por los aires hecho pedazos.

 ¡Lástima! –manifiesta el Sr. Cadwell parado, observando desde la cancela, tenía unas tetas fantásticas.



La Nebulosa - © Jp del Río.




martes, 2 de septiembre de 2014

Abstracción

      

      Anoche vino a verme un espíritu celeste. ¡Increíble el tipo! Yo andaba con “Gambling Bar Room Blues” de Jimmie Rodgers. Se acercó y me dijo:

- "¡Oh, pobre mentecato, digno de lástima! ¡Horrible y espantable estado el tuyo! Piensa en el calabozo abrasador que te preparas por toda la eternidad y a donde te lleva el camino que sigues.”

       Emergiendo de la abstracción, me levante, deposite la guitarra sobre el asiento, y escrute los bolsillos del pantalón en busca de un paquete de Ducados rubio que había comprado por la mañana. Apareció, lamentablemente vacío.

-  Eh… Perdona. ¿No tendrás un cigarrillo?


La Nebulosa - © Jp del Río. (Gracias a William Blake y su matrimonio del cielo y el infierno)
Imagen: portada del disco La rebelión de los hombres rana del Ultimo de la fila (versión de la anunciación de Fra Angélico)






jueves, 7 de agosto de 2014

¿Me vas a decir tu nombre?




Cada noche era lo mismo; regresaba a casa, y mientras se lavaba las manos manchadas de sangre, se miraba en el espejo complacido. 

– Era realmente hermosa, ¿sabes? Primero corte sus tendones de Aquiles, más tarde pase varias veces con el cortacésped sobre su cuerpo y, finalmente, le arranque las tripas. Te habría gustado estar allí.

– ¿De veras lo piensas?

– ¡Si, maldito bastardo! No eres más que un comedido presuntuoso con el cerebro conectado al culo que se cree mejor que el resto. ¡Mírame con atención! Te verás a ti mismo. Entonces… ¿No me vas decir tu nombre?

– No, ya sabes que no me gustas.



La Nebulosa - © Jp del Río 
Imagen: de la pelicula  "Halley", de Sebastián Hofmann




La maquina del tiempo



Había fabricado una máquina para viajar en el tiempo. ¡Jodido perfeccionista! Nunca estuvo a gusto dentro de su propia corteza. 

Una mañana, tras sus acostumbradas tostadas de pan de molde empapado en leche condensada y gratinado al horno, subió a la máquina lleno de energía. Estaba decidido a hacer un recorrido en retrospectiva por su vida. La idea era encontrar un punto de inflexión esencial, un lugar, a partir del cual, reiniciarse. Pero fue incapaz de resolver, y entre titubeos e indecisiones, llego al momento mismo de su nacimiento. 

– ¡Vaya! –exclamo contrariado– pues, tendré que empezar de nuevo.

La Nebulosa - © Jp del Río.



Un ladrillazo en la cabeza


Cuando ocurrió, estaba fuera de casa. El aviso le llego como un ladrillazo en la cabeza; se dio cuenta que cada día le parecía más y más a su padre y comenzó a notar que le faltaba el aire. Un frío gélido recorrió su garganta. Entonces, cogió el teléfono e hizo una llamada.

- ¡La morgue, dígame!

- Hola, creo que estoy muerto.





La Nebulosa - © Jp del Río






jueves, 10 de abril de 2014

Un adusto invitado



        Regreso a casa como cada noche y observo sorprendido que alguien espera al otro lado de la calle, alguien que me mira fijamente. ¡Pijo, …en Dios! –mastico sobresaltado–. El me mira y yo le miro, y por alguna extraña razón, me resulta del todo imposible apartar la mirada. Su estatismo me traspasa, hace que en mi cabeza se disparen todas las alarmas. Sin embargo, sigo inmóvil como un pedrusco, paralizado. Debería correr y ponerme a salvo –no dejo de repetirme–, pero mi cuerpo no obedece y mis pies, pesados como el plomo, se adhieren incomprensiblemente al asfalto. ¡No puedo moverme! Comprendo que es imposible escapar, algo extraño me retiene. Reparo de nuevo en mi adusto invitado, y el tipo no se ha movido un milímetro. “El pasado siempre vuelve” – evoco resignado–, y sé que, de forma inminente, algo va a ocurrir. Se precipitara sobre mí y me descerrajara dos tiros Ipso facto  o, me hundirá repetidas veces su navaja. ¡Ahí viene, Dios!


La Nebulosa - © Jp del Río




Acompañamos con:  Shots - Neil Young 


jueves, 28 de noviembre de 2013

Equilibrio





        Ocurrió una noche, que es cuando suelen tener lugar estas cosas; ella era la bella del lupanar de la esquina. Él, el guacho malevo del barrio viejo. Apenas necesitaron hablarse; la mujer acorto distancias, su saber y el perfume hicieron el resto. Caníbal, el amor que respiraba la alcoba y se dilató hasta bien entrada la mañana. Como a las nueve, dos milicos con pistola tumbaron la puerta y el cacho, ni de alcanzar los zapatos tuvo tiempo. Silencio, silencio, silencio… sobre la mesa unos pesos. 

– ¡Tengo un hijito, mi guapo! –acertó a gritar ella finalmente desde el balcón, mientras le sacaban esposado.

– ¡Adiós bella Gala! 



La Nebulosa - 
© Jp del Río





Acompañamos con: "Sus ojos se cerraron" -  Carlos Gardel



martes, 15 de octubre de 2013

La línea de Kàrmán



        Era enérgico y era extraño, era lóbrego como un agujero de gusano; a veces éramos tres y otras parecía que fuéramos cuatro. Pero nadie socorría y, en ocasiones, resultaba esforzado abarcar tanta curvatura y tanto espacio. Sorprendentemente, todo cuanto en la proximidad comparecía esquivo o convulso, en la distancia se manifestaba dócil y sosegado. Una vez más, nos pareció estar a salvo, pero entonces la salamandra mordió el hocico de la bestia y la línea de Kàrmán confundió su equilibrio. Fuimos arrastrados hacia un porvenir incierto y, el destino, nos alcanzó sin compasión.

La Nebulosa - © Jp del Río



Acompañamos con el Trailer de la película "Soylent Green", de Richard Fleischer (1973),
conocida en España como: "Cuando el destino nos alcance". 


viernes, 4 de enero de 2013

El fatuo remilgado


          Me mintieron los espejos, los cristales de los escaparates me embaucaron. Adicto como un yonki a la hermosura, me asalto el engreimiento. Siempre fui un fatuo remilgado. ¿Humildad? A otro perro con ese hueso, yo no creo en la utopía discurso de fracasados. El arte y la sutileza moldearon mi sustancia, fui azote de anacoretas. Pero cuando menos lo esperaba, el tiempo, traidor e inapelable, cambio mi carne sin alma por una carne terráquea, y los años, los inviernos, me marchitaron. La vida se convirtió entonces en una ciénaga fétida y fangosa y todo, resulto efímero, ¡todo...!, resulto efímero. Como efímeros fueron mis quince minutos. ¡Maldito Dorian Gray! 

La Nebulosa - © Edy