jueves, 25 de junio de 2015

¡Felicidades Cariño!


Estuve pensando en escribirte una nota escueta, pasarla por debajo de la puerta de la habitación, con discreción, y no me salía. La letra no la tengo demasiado clara y el trozo de papel, del tamaño de una tarjeta, desde el principio se me antojó demasiado pequeño. Luego decidí componerte una canción y tampoco acertaba, ni con los acordes, ni con las octavas y con el estribillo lidié con entusiasmo pero sentía que le faltaba al menos una nota.

Más tarde, me dejé llevar por los caminos retóricos de la poesía y fui a expresarme con renglones chiquititos, forzando las sílabas para que cuadrasen en el ritmo, escogiendo a conciencia los adjetivos para que dieran a entender con precisión aquello para lo que eran ideados, llegando a rebuscar por los anaqueles de mi memoria aquellos sinónimos verosímiles y oportunos; pero no pasé del segundo verso, que creo recordar decía algo así como: “… te quiero tanto, ya desde tan pronto…”.

Ya estaba inmerso en ese soneto pero el tercer verso, el que sucedía a éste, me resultó imposible de componer. Encontré muy pocas palabras que rimaran con “pronto” y las halladas se alejaban en exceso de la idea con la que inicié la creación poética. Una de las primeras fue “Toronto” y como puedes deducir poca versatilidad me ofrecía. O me iba yo o lo hacías tú. A Toronto, digo. En la trama del poema, me refiero. Y ninguna de las dos acciones me divertían, ni eran oportunas, ni mucho menos románticas y, lo peor, nos alejaban cuando yo lo que quería comunicar era la sensación de estrechez, de unión entre ambos. No sé si me explico.

En fin, la cuestión es que lo fui dejando, y dejando, y dejando. Hasta que ha llegado este día y he tenido que improvisar. Con esta carta. Sí, esto supone mi última opción, pero ya verás que tampoco me sale. El caso es que, y ya que no dispongo de más moratorias, he decidido ocultarla bajo la funda del cepillo de dientes con la intención de que al asearte en esta mañana te sorprenda y resulte agradable. Lo del cepillo de dientes ha sido otra solución de emergencia, originariamente había imaginado colocarla: la carta, o la nota, o la poesía, o el cd que llevara grabada la canción; bajo un estupendo regalo. Pero… Bueno, esto, mejor lo hablamos más tarde.

En cualquier caso, estimo que todo esto viene porque “… te quiero tanto, ya desde tan pronto…”. Créeme, es así.

En el día de nuestro aniversario, te quiere, tu esposo.


P.D.: Con el regalo he sufrido ciertos accidentes consecutivos e inoportunos, sólo espero que no te enojes, en breve espero tenerlo solucionado.
P.D. 2: Pero lo importante es que no lo he olvidado: el aniversario. Son veinte años, difícilmente.
P.D. 3: Ésta última frase ha de leerse siempre con buena disposición.
P.D. 4: ¡Lo del ramo de flores…! No he caído, maldita sea.


La Nebulosa - Nico Casai.



jueves, 14 de mayo de 2015

Tentación



Tentación

      Desde el observatorio me ronda el deseo de escapar, saltar a través de mi ventana y gatear arbusto abajo, no hacia arriba no, si no abajo, lejos de los gruñidos del  ogro. He tenido la tentación y la he refrenado… esa pretensión por conseguir lo que anhelamos y que terminamos reprimiendo censurados por razones  morales,  sociales o legales, psicológicas al fin, anidadas en miedo… culpa.


© Edith Lasal


sábado, 11 de abril de 2015

Mentes Suspicaces - El Hombre Sin Mirada



Mentes suspicaces.


Elvis de fondo y Jean Beam en al vaso para expiar las pequeñas culpas del día. Más de un centenar de servilletas tiradas en el suelo y cuatro millones de colillas esparcidas a la puerta. Las voces y las risas aún resonando, al igual que el rastro de dolor en mis mejillas por forzar la mueca para mi gesto amble – Román el barman cordial, el amigo barman, nuestro barman amigo…  Román  –  de alcohol y axila el hedor – adiós leo, adiós… - salió desencajado, no me miro.

Recogí sillas y mesas. Pase el cepillo y recargué las neveras; bebí luego reposado mientras miraba techo, paredes y suelo del zulo bar… ¡tantos años¡ rebelde en inicio, ennoblecido ya… las doce de la noche y nadie queda; dóciles y exactos como un reloj: de cuatro a doce; del café a una gota antes de dormir, cicatera de licor. Transitan por aquí cada uno a su hora predilecta mezclándose con las nuevas y jóvenes caras, motivo de envidia y de lascivia también, pero con moderación. Hasta los locos de alcohol mantienen la compostura, borrachos para sí mismos, para nadie más. Escuadrón hacia la muerte de resignados, rehabilitados o adolecidos y achacoso… algunos ya ni están. Miro tras la barra y les sonrío con mi aire amable de cuatro a doce, y veo sus ojos que ya no ven, comidos por cataratas, velados para distinguir nunca más el horizonte. Veo las ilusiones gastadas, renunciados a los atrevidos, desparejadas las parejas eternas… los veo agotados de no llegar…  a todos los hombres sin mirada… cada noche los veo sonreír entrañables en mi bar.

Here we go again
Asking where i´ve beenyou can´t see these tears are reali´m crying
Let´s don´t let a good thing die
Lest´s don´t  let a good thing die

Nada de lo que dices es fácil por mucho que rías mientras lo largas; nada es sencillo querida. Mira como las palomas vuelven una y otra vez para comer sobre el suelo del parque, se arremolina y escapan desconfiadas siempre que alguien pasa para luego volver… quieren aquello que les tiramos, necesitan comer lo que les das, pero vuelan y vuelvan, revolotean si te acercas…  la vida las hizo así. Escuché como le decía Luis a Julia ¡caray¡ la otra noche muy cerca de su cara. Sus vidas son un ir y venir que siempre pasa por a aquí, ellos son universales, andan lejos, vienen y van pero vuelven religiosamente entorno a la barra de este bar ¡la vida es tan apretada¡ la de Luis, La de Julia,  de Leo y la de Diego, la tuya también… la de Lola y la del barman Román… mentes suspicaces. Un frontón para Leo ¡más fuerte das, más fuerte recibes¡  guarda siempre el escarabajo de oro en su bolsillo ¡unmm¡ Leo al límite, inconmovible para con el compromiso de los demás.  A Julia todo le pareció una perpetua farsa ¿qué espera del despechado Luis? Descreída  ahora creer quisiera en el amor de los tiempos del cólera y cree al fin en su eterno renunciado Luis  ¡no va más¡  salta la bolita entre los números de colores. Negros en los que en ocasiones para,  como los años negros de Diego que hoy mantiene a raya estacionados en dique seco, sabiendo que navegar saben, a raya Diego escapa cada vez que le fascina de la vida, vivir ¡Ciegos, sin mirada¡ me miran creyendo que nada ha cambiado en mi; golpeo fuerte el vaso sobre la barra y bebo con ellos pero no me ven… ni tú tampoco me ves.

        Or dry the tears from your eyes

Lola reiría como una Loca si me descubriera melancólico, aplastado sobre la mesa y escuchando esta vieja canción - ¿qué pasa Roomaaann, con la morriña? – diría – espera que cambie la música,  ya salgo – y vendría a sentarse con un vodka-naranja en la mano mientras ya sonaba reggae,  “one love”.  Deberíamos ser como ella, nunca ha hacho demasiado ruido y siempre ha visto el lado bueno que al parecer tenemos ¡analgésicos para el tiempo¡    la noche se hace tranquila ahora que de cena un vaso de bourbon y tiempo para pensar, siempre lo mismo ¡unnm¡ domingo perezoso y caduco, derrengado al fin... Inconsolable.


Algo broto o se rompió en mi esta noche, y aunque sabía que sus efectos serian irreversibles, en lugar de echarme a llorar, recogí los platos rotos con la sonrisa silenciosa de siempre, miré a Lola y brindamos ¡salud¡  abriría las puertas del Lennon aún cada noche, demasiado tarde para otra cosa, ya no podría cambiar. Y acepte mi suerte con la misma serenidad de la delicuescencia que provocó el estropicio. 

© f. buendía.




lunes, 9 de marzo de 2015

Apresurada




Apresurada.


Dieciséis de septiembre de mil novecientos setenta y nueve, Leo se fue. Pensé que el mundo se hundía y pedí al rojo cielo que me abrasara,  pero ardiera solo yo mientras la nieve caía a mí alrededor…  Lentamente fuego adentro del glacial en que todo sumía…  más todo llegó aquí sin mí… restos del naufragio mecidos a la deriva encuentran sin saberlo  la playa.  Sobre la arena ahora desespero varada y  cada vez que las olas se agitan pienso en porqué aquella noche juntos no prendimos… y el mundo dejara de ser mundo al fin.

Hoy, tercer siglo del segundo periodo potsglacial, he recibido una señal.



© Edith Lasal







miércoles, 11 de febrero de 2015

Dibujos, acuarelas, collages




Dibujos, acuarelas, collages

Cenicienta acababa de perder sus tacones y muchos años después me llamó, hablábamos por el teléfono celular, que luego se invento, sobre algo que nos pasó hacía tanto tiempo… Se lía mi vida a veces, cuando escribo de noche y canto al amanecer, apunto luego números que no me salen durante el día  siempre de nueve a diez, de sol a luna y la luna me lleva cada noche de exposición retrospectiva de Georges Pierre Seurat. Todo se confunde cuando mi mes no cubre la segunda hipoteca que aún persiste con cara de la mujer que tuve y que solo recuerdo tras la puerta diciendo adiós… Es una puta confusión,  mi cajetilla de ducados sobre el armario junto a todo lo que dejé de apoco …prohibido ya todo.

 

            Nada pasa en febrero, todo ha terminado o está por llegar, no hay flores, ni enamorados que las necesiten, es frío y pequeño este mes. Compré una camisa a cuadros de franela y la deje abierta, como sobre camisa, lavé mi pelo domingo de sol loco de febrero azul y frio y te fui a buscar:  miel en tus ojos, dulce y fría tu,,, ¡duele¡ dejarse llevar… camisa franela de costuras incomodas, rodadas;  pelo seco apelmazado, maloliente, inseguro… ¡change¡  endiablada inseguridad.  Nunca se sabe donde se puede terminar o empezar… Cuatro ratones y una calabaza a mis pies… Suena mi celular y escucho tu voz.

 

            La sangre cae de mi nariz cada vez que peleo, no es un lamento, si no una renovación, como Edward Norton en el club de la lucha, venzo a golpes el insomnio y vendo por el día jabón. Y en este ir y venir de planes sin marcar, me dirijo como un tren inapelable a su destino, firme como la vía en locomotora veloz, atrás… el vapor. Hablemos de todo menos del tiempo, de la risa  y de lo bueno, ingenuos seamos, de las estrellas y sus nombres, de barcos y  mares por navegar, de una góndola en Venecia, hablemos y no pensemos… de todo... todo es confusión  …Disculpad mi osadía. 

 

 © f. buendía. 






 

viernes, 6 de febrero de 2015

Anita ya no vive aquí




Anita ya no vive aquí

         Sacudió armarios y costumbres y huyó, nube de polvo sobre su pasado;  el mismo sabor a tierra que ya casi ni recordaba me dejó,  rechinan entre mis dientes los granos de arena.  Anita se fue… descerrajó las puerta de los gallineros, echó la cafetera al pozo y al estanque los libros, menos uno todos allí   ¡dichosa niña encendida¡   siempre se va… Frente a la computadora un cookie todavía me une a tí, resto de lo que fue... recuerda mis hábitos de navegación.


«Y quedo aquí solo juntando... el antes, el ahora y el después».



© f. buendía. 





domingo, 25 de enero de 2015

Como el hombre de Tiananmen.




      Sentí lo que sentí  pará, por que  moverte no puedes y si no te has echao ya pa yá, te quedas esperando lo que fuera a ser,  así… la muerte pasara. Delante del tanque miré su cara, que aunque te quiebre la vida, aunque sea el último café, jugársela es a veces la única salida… la sangre en la frente me hizo caer.  En ocasiones el coraje te gana y te deja quieta esperando, porque no puedes rendirte ante el tipo que te lanzó la pedrá.

 

“Cuando la suerte qu’es grela
Fayando y fayando
Te largue parao..
“


© Edith Lasal





jueves, 15 de enero de 2015

Una tarde en Nunca Jamás.




 

Una tarde en Nunca Jamás

 

Cicatrices de guerra, una más… Hoy debí bailar contigo de mi mano cogida aquella estúpida canción que habla de cómo pasan las cosas…  toda la noche a la luz de la misma luna en que bailamos la vez que lo hicimos.  Una conversación,  bebidas aromáticas… peleas de gallos… como una pulpería que me provee de todo lo indispensable para la vida cotidiana. En la esquina del algún campo tuve un sueño - encontrabas a alguien mejor y escapabas con él -  …dicen que estas cosas andan escritas… ¡Que sueñes bonito¡ decía mamá al acostarme… pero el poder de los sueños se esconde en un lado salvaje, cerca del  miedo y del deseo no alcanzable…  creo que sobrevaloramos los sueños.

 

¿Recuerdas aquella tarde en Nunca Jamás? Al estilo de un corredor la terraza multiusos: en ocasiones miradero otras cafetería ora cenador;  se extendía a lo largo de toda la fachada este del edificio. Artificializado el entorno en plena naturaleza lo ennoblecieron a base de maderos, forja, y piedra tratada a mano;  los trofeos de caza, las antiguas alfombras; daban un falso aspecto de residencia de campo señorial a la estancia mantenida  al margen del tiempo, diría también que del lugar; pero con un sosegado resultado final acogedor.   

 

La disposición de las mesas nos hacía  mirar inevitablemente al jardín de un  verde  no de allí creado a base de especies no autóctonas,  piscina, césped, duchas, salvavidas y al  fondo la sierra originaria;  los gamos acostumbrados acudían para comer cuscurros de pan que el mozo de cocina les arrojaba desde la ventana; fresca como ajoblanco, la conversación… Quisimos robar esa tarde  al tiempo y a lo que la vida nos negó, nada habría ocurrido de no haber estado, nadie nos hubiera notado ausentes allí…furtivos en Nunca Jamás.  Pero los gamos y las hamacas saben;  el robot limpiafondos de la piscina y el cromatismo de las advenedizas plantas, el absurdo postre nupcial que nos ofrecieron… son cómplices nuestros… sucedió.


-  Tienes la misma mirada, una poco más triste quizá y tu ojo derecho tiende a cerrarse  solo -   la miré sonriendo.  El camarero recogió el servicio - ¿Número de habitación? -  Pregunto.

 

© f. buendía

 






sábado, 10 de enero de 2015

Dame un respiro



Dame un respiro

        Unos antiguos amigos llegaron a casa para compartir conmigo una velada - ¿Cómo estás? - preguntaron ¡caray¡ no supe contestar; más viejo, vieron. La conversación larga,  no distaba más que en el valor económico de los proyectos ahora referidos en relación a los sueños de entonces... ya, desdeñados  ¡Diablos¡ caros y selectos nos volvemos.  Dejé que se fueran pronto, adiós dijeron a la puerta, manejándose con los gestos de siempre pero las caras cada vez más de sus padres   – Ciao –  largué, cerrando la mano como una despedida cerca de mi rostro.

 © f. Buendía.




viernes, 26 de diciembre de 2014

Una última cosa


– ¡Hola John! Pasa, por favor. ¿Has venido a matarme, no?
– ¡Joder Brian! Tu siempre tan palmario.
– ¡Te estuve esperando ayer!
– No me gustan los lunes, ya lo sabes. Además, necesitaba pensar un poco.
– ¡No me jodas Johnny! ¿Tú debatiéndote entre el bien y el mal...? No te hago yo profundizando en las convenciones sociales. Haciendo cábalas e intentando dar argumentos a lo que has venido a hacer. ¡Qué más da, hombre! Siempre fueron los mismos, ya los hemos oído antes.
– ¡Es triste equivocarse!
– ¡Que te follen! Lo que es triste es acertar.
– La certeza corre siempre pareja a la verdad, se fundamenta en la propia conciencia... Eso dicen.
– ¡La verdad no existe Johnny, no seas ingenuo! ¡La verdad es una entelequia! Los individuos observamos el mundo y, a través de nuestras impresiones, reconstruimos y manipulamos los hechos según nuestros propios deseos. La falsedad y la verdad no se dan pues en las cosas como si lo bueno fuera siempre verdadero y lo malo, irremediablemente falso. Ya deberías saberlo. Pero… ¡Apúrate Bastardo! Yo en tu lugar ya habría matado por lo menos a diez.
– Es cierto ¡Basta ya de cháchara!
– ¿Podría pedirte una última cosa?
– Adelante, Brian
– ¡Bésame el culo, cabrón!
– ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!


La Nebulosa - © Jp del Río


LHDM- La vida no vale nada (Camino de Guanajuato)







miércoles, 3 de diciembre de 2014

Tiempo


Tiempo 


Si a mi abuelo, frente al pelotón de fusilamiento, le hubieran explicado que muchos años después, en una biznieta suya correría sangre negra… habría sonreído y muerto reconfortado aunque perdiendo toda importancia los principios por los que caía.

Es curioso, el domingo en la sobremesa reparé en el detalle de que mi madre,  mi hija, mi nieta mulata y yo; convivíamos en la más natural escena costumbrista. Fue en el segundo café y superado el sopor de después de la comida cuando hice la cuenta: Mi madre nació en 1927 y mi nieta según la esperanza de vida media actual, podría alcanzar a vivir hasta el año 2095 ¡diablos¡ ninguna de ellas, ni mi madre ni mi nieta podrían entender las épocas de principio de una y de fin de la otra, imposible hacerse  siquiera la idea. Sin embargo una tarde de primavera, en mi casa, todas juntas tomamos café mientras la chiquilla  jugaba con su “Denadoor” personal a error o acierto  ¡casi dos siglos de existencia¡       

He salido a pasear con Sultán ya tarde a la puesta del sol, por este pequeño camino que rodea al cerro alto y he mirado al valle ¿Cuántos otros lo habrán mirado? ¿nos reconoce el valle?  ¿hay consciencia en el río del tiempo? ¿y de a quién moja? …¿qué somos para el tiempo, y para esta tierra? ¿Cómo habríamos sido de tocarnos vivir otro momento? ¿Qué tipo de impresionista  hubiese sido Leonardo en el Paris de finales del XIX o Cézanne en pleno Cinquecento? ¿Quién yo “con ojos neutros como los de  Norma Jean”? …somos esclavos de nuestro tiempo.

Es cierto que el paisaje se deja hacer y ya no se ven campos, si no parcelas delineadas, vemos el paisaje del trabajo, de hileras de olivos, y de pantanos, de luces y caminos que llevan a todas partes.

El abuelo Buendía era demasiado viejo para ir al frente y demasiado joven para morir pero sin embargo murió, encarcelado después de la guerra, un rápido juicio sumarísimo y fusilado en el paredón del cementerio. Nadie ha contado nunca porqué, para nosotros es un misterio, silencio siempre al respecto; sabemos de él porque mi padre debió de tener también un padre y por el retrato absurdamente colocado en el dormitorio grande, que cuelga aún de la pared entre el pequeño hueco de apenas treinta centímetros frente al costado del armario ¡bárbaro¡ Es una de esas fotos en las que se manifiesta la imagen al centro de un óvalo difuminado en su borde y que predice al retratado ya difunto; camisa blanca sin corbata abotonada hasta el cuello, chaqueta gris, la cara ligeramente girada con respecto al cuerpo y una marca longitudinal sobre las arrugas frontales divide claramente la tez oscura y soleada  de la calavera pálida ya casi calva… de días de labor.

Sultán tira tozudo con fuerza de la cadena y he tenido que aligerar el paso de vuelta a casa, perro de costumbres obsesionado con la vuelta como con la salida, se diría que un reloj también mide su tiempo, que le corre prisa lo por venir.  Algún día heredaré supongo ese cuadro de un hombre silenciado y escondido al que no conozco y del que nada se, pero del que seguramente algo de lo que en él hubo, llegó a mí.
  

 © f. buendía.




domingo, 16 de noviembre de 2014

Hábitat


   Hábitat 

       Es pequeña mi visión del mundo pero acertada, veo lo que debiera y no debiera ser, lo que me gusta y lo que no,  veo a la gente que llega y a la que se va;  insignificante todo desde aquí… ¡¡ más tan vasto se me hace para yo salir afuera ¡¡. Me alegra mirarlo apostada en este lugar, pues lo reconozco y sé su nombre, sabiendo que él nada sabe de mí;  ni me ve, ni verme quisiera ...no conoce que lo habito. Contemplo todo y pongo música de fondo sin que nadie repare nunca en mí, porque nadie nota esta parte desde donde alerta acecho.  …Miro.

© Edith Lasal






lunes, 27 de octubre de 2014

El orgullo de Dave


          Estuve meses navegando; la muerte me encontró en Marsala y me hizo una señal con la cabeza. Huí desesperadamente… Pasaba las noches en guardia y me animaba cuando entraba la mañana. Pero al día, invariablemente, una nueva noche le sucede y, cuando miras mucho tiempo en el interior de un abismo, resulta irrefrenable el deseo de arrojarse dentro. Yo ya había pensado mas que otros y estaba cansado de hacerlo. Era consciente de que a los verdaderos hombres no les pertenece nada.

          Así que desembarque en Boca Chica. Nada más llegar me hice tatuar por un chamán la palabra “Inmortal” sobre el antebrazo izquierdo —poco puede consolar la salvadora creencia en la redención, a quien nunca observó confesión alguna—. Había decidido esperar allí; sentado en el porche, recostado sobre una vieja mecedora, hojeaba el periódico. Después de todo —me dije—, el amor que un día sentí está cada vez más lejos, y este mundo no tolera a los idiotas.

— ¿Y bien, Dave? No tengo mucho tiempo —dijo por fin la muerte acercándose.

— Una gota de lluvia no cambia de decisión mientras cae, ¿verdad? Cae y eso es todo —capitulé con fastidio.

— ¡Así es!  —contesto la muerte.

— ¡Banzai, hijo de puta! —grite con furia arrojándome sobre la parca.


La Nebulosa – © Jp del río.







sábado, 20 de septiembre de 2014

Un hotel de carretera



Llovía, era la una de la madrugada, el control de crucero mantenía la velocidad del vehículo y, después de cinco horas al volante, la monotonía y el agotamiento hacían que mi concentración no fuera la mejor del mundo. Vi aparecer el neón y pensé: “Un pequeño hotel de carretera, es un buen lugar para descansar un rato. Mañana, estaré en casa”.

Baje del coche y me cubrí con la chaqueta tratando de evitar la lluvia. Al entrar, me tope de bruces con una vieja y enlutada señora, que parecía que hubiera estado esperándome.

– ¡Oh! Hola, buenas noches, me gustaría…  

– No se preocupe, –me interrumpió– está todo preparado –he hizo que la siguiera a través de un oscuro y solitario pasillo–. Este es su cuarto –dijo, invitándome a pasar–. Esta noche, no hay nadie más hospedado, así que podrá descansar a sus anchas –aclaró, y se fue.

Mi cuerpo había desconectado hacía rato y parecía aflojarse. Así que, me quite los zapatos y me derrumbe sobre la cama. Podía oír el agua que goteaba desde el tejado, rebotando sobre las bromelias: plof… plof…; en un santiamén, me quede dormido. No debía haber pasado mucho tiempo, cuando unos golpes secos y poderosos me despertaron. ¡Joder con la tranquilidad! –balbucí–. Dándome cuenta de que, por alguna extraña razón, estaba tendido sobre el suelo, y un desagradable olor a podrido inundaba la estancia. Busque el móvil dentro del bolsillo y lo encendí para proporcionarme algo de luz…

– ¡Hostia puta! ¡¿Pero qué mierda es esto, joder?¡ –gritaba mientras, ayudándome de pies y manos, retrocedía espantado hasta dar con mi espalda en la pared.

De pronto, la habitación estaba vacía. Y como si de una broma macabra se tratara, del techo pendía el cuerpo de un tipo abierto en canal, mutilado y putrefacto. No tenía ojos, y de sus cuencas vacías, no paraban de brotar oleadas de larvas y moscas que, un poco más allá, devoraban con avidez lo que parecía ser restos de vísceras y tripas dentro de un cubo de plástico. Entonces, un susurro débil y apagado me llego con un pequeño aliento:

– Huye, corre… corre… –me decía.

– Me volví y ¡Hostias! La vieja decrepita de la recepción estaba allí, hablándome al oído.

Di un manotazo, me levante y salí por patas. Al abrir la puerta, una especie de hálito fúnebre secundado por un coro de voces cadavéricas me sacudió. Corrí, y mientras corría, notaba que algo extraño penetraba entre mi ropa. Entonces corrí aún más, me cubrí la cabeza con los brazos y me arroje contra la puerta de madera y cristal que daba a la calle, rodé por las escaleras y choque contra el pavimento –debí golpearme en la rodilla, porque ahora me duele una barbaridad–, pero me incorpore y seguí corriendo hasta llegar a la carretera, donde me encontraste.

– Pero… ¿Qué me estás contando, Tron? Ese hotel lleva más de veinte años abandonado –sentencio el camionero.


La Nebulosa - © Jp del Río.