domingo, 20 de marzo de 2016

Arañas pesadillas y ensueños



Arañas pesadillas y ensueños

Señor T mintió, no ha vuelto como dijo. He buscado esta mañana en el desguace hasta encontrar su nombre inscrito en una piedra ni siquiera adherida a la tierra si  no suelta, dejada caer sobre otra losa ya usada y que tapa el viejo hoyo comun; desgastada  y apretada contra otras muchas… Laberinto luctuoso del desorden sin sentido,  caos del fin: Su nombre, sus apellidos y dos fechas cinceladas, apenas nada – 9 del 9 del 1954  –  6 del 9 del 2015 –  a tres días para su sesenta y un aniversario… la lluvia caía… la oía caer en la cuidad fría, mientras sonaban por San Lorenzo las campanas… sonaba bajo la espadaña like a rolling Stone.

       Señor T no encontró su lugar en el tiempo ni tampoco el espacio, nunca se encontró, de manera que decidió - No ser nada, nunca llegó a ser nada ni pudo querer ser nada jamás…  A parte de esto, tuvo en si todos los sueños del mundo -  Ventana de un cuarto en la calle Fuente de las risas,  de uno de los millones de gentes que nadie sabe quién es, y si supieran quien es ¿Qué sabrían? – Recuerdo la calle y la casona… el portal y el sótano húmedo, los gritos de una madre eternamente enferma desde la habitación prohibida recuerdo. Y los libros… siempre los libros leídos y ocultos, tapiados al quehacer diario, como si prueba traidora fueran del refinamiento que secara sus sesos. Los libros en los que curioseamos todos a escondidas, de los que aprendimos y  de los que  Señor T nos vacilaba y presumía… un pasito siempre por delante T... ¿para qué sabiduría perdida?.

       Y eso viene a demostrar que está bien construir aviones enormes, sembrar algunos campos, cargar tu camión con gasolina, y luchar, luchar, luchar… demuestra que está bien luchar ¡pero¡ ¿adónde debiéramos morir?   Un día mucho tiempo después volvió viejo, demasiado viejo Señor T. sin embargo nada en él había cambiado, aún más la dejadez si acaso, la decadencia y su pelo blanco ralo, la tez enrojecida, un esmerado aspecto desaliñado... su descuidado descuido; y en la mirada una despedida… Se sobrecogieron  nuestras almas tardas cuando un ¡apenas nada¡ después comprendieron que la vida para Señor T. iba en serio.  

        Señor T. habló de que se aparecería y que al fondo de la cama tiraría de mis pies... Mintió, no ha llegado. Dejo siempre vino en una jarra y galletas de canela en una bandeja de plata, lo dejo por si viene a mí ventana… por si trajera sed de donde venga  dejo, por si galletas deseara… pero hace meses que lo dijo y nunca llega… Señor T.  mitió.

       Son los años como bandidos que irrumpen y te asaltan en los caminos, que se van llevando la infancia unos, otros la juventud, los amores perdidos, las ganas... Y lo esconden todo en sus guaridas,  Dios sabe para qué. Es el tiempo huraño que deja apenas días para recordar lo que nos roba y para añorar lo perdido,  quizá guardado en las toperas de los años bandidos ¡¿para qué?¡ Se lo van llevado todo, a veces cavan,  entierran lo hurtado y lo tapan con una fecha escrita sobre una losa.

© f. buendía.

"Las hojas caen a mi alrededor, es hora de que me ponga en camino
Te doy las gracias, estoy muy agradecido por la estancia tan agradable
Pero ya es hora de que me vaya. La luna de otoño ilumina mi ruta
Porque  huelo la lluvia, y con ella el dolor  va en mi dirección
A veces me encuentro agotado, pero sé que hay una cosa que tengo que hacer..."



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