viernes, 27 de noviembre de 2015

Les Demoiselles d'Avignon



       Les Demoiselles d'Avignon


       El ego es como tener una novia guapa… sale caro, de manera que vivo sin exponerme y muerdo si a casa vienes demasiado.

       Ese verano, veinte y seis de julio, llegaron tres chicas al poblado: Juani, Carmen y Ana; Ana la del bañador estampado en amalgama de azules verdosos, aguados los azules y verdes agua los verdes de mar, entorna los ojos miel mientras recoge sus brazos alrededor de las piernas sentada sobre un peldaño. Carmen sin querer, quería ser desenfadada y nos mira en la foto descaradamente canalla, conmovedoramente despistada; y Juani la eterna cándida sofisticada, rueda mientras sueña por escaleras en espiral hasta caer en profundos agujeros de los que tanto nos costaba rescatarla. Herrera y yo nos habíamos ido y ellas estaban donde nosotros debíamos haber estado ese verano, Verde de Covaleda nosotros, seco del Guadalquivir azul en el pantano del salto, las señoritas de Avignon… rosa... ¡Qué estúpidos si acaso…¡ ...pasaron las cosas.

       “Ella se asomó a la ventana y negó con la cabeza ¿Cómo puede probarse lo que es mentira?” 

       Uno se cree que todo es corregible pero el pasado es indeleble, fue lo que pasó… eso fue. No recuerdo muchas más caras de aquel julio: una alberca bajo un nogal donde ellas se bañan sin nosotros recuerdo y autobuses adentrándose a los picos de Urbión, el terrible fresco de las noches allí, pero ninguna cara. Solo las de las tres amigas retratadas en traje de baño y sentadas en el porche de la escuela-iglesia que ya no existe, no queda otra cosa que la fotografía de las tres gracias y un espacio que está solo en nuestro recuerdo distorsionado... guardado en pequeños cubos que componen para la memoria una perspectiva múltiple… la que quisimos que fuera cierta.

© f. buendía



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