miércoles, 2 de julio de 2014

entreolivares vago


entreolivares vago

     Como un Juancaballo hambriento vago entre olivares por las huertas de la ladera. Me resisto a volver a la caja de los recuerdos y lanzo dentelladas al viento sin hallar presa que pague mi ira ni clavo al que quedarme sujeto… desespero.

     Irremediablemente viajo sin denuedo camino inevitable al olvido del recuerdo;  encerrado en la caja oscura con agujerito pequeño por el que a veces ella cuando que hacer no tiene o un descuido indolente  traiciona el rigor de su voluntad tremenda, mira, huele y ve,  lo que su alma codicia y su corazón querer no quiere.  Vuelvo a la oscuridad, vuelvo al recuerdo… atormentado por haber hecho lo que no hacer no puede. Pero aliviado en el consuelo de intentarlo siempre,  porque entre el hacer y no hacerlo, la diferencia es grande. 


© F. Buendía 


                                          mi unicornio azul - se me ha perdido ayer - se fue...

viernes, 27 de junio de 2014

Irreversible.



Irreversible. 

¿Fue una tarde? Yo, que presumo de memoria no lo recuerdo ¿Qué pasó aquella tarde? ¿Qué lo cambió todo? La respiración entrecortada, el miedo dentro, desolación… pena. El mundo andaba a mí alrededor, los relojes marcaban las horas, un escaparatísta mudaba las ropas de los maniquíes en cualquier escaparate de la calle nueva, mis pulmones persistían en su movimiento reflejo, todo extrañamente permanecía mientras mi corazón aturdido callaba ¿qué fue mi vida? 

Da igual cielo, algo nos confundió, éramos jóvenes e inmortales “nos dimos cuenta mucho mas tarde que la vida iba en serio” Ahora sé que ni la estupidez ni el pasar vence a lo que es cierto. Por encima de todos los genomas y estigmas animales, de nuestras propias torpezas, antes de nosotros y más allá de la muerte insolente; sin necesidad de vernos, venciendo a la carne y al tiempo… el destino está escrito “hoy es siempre todavía” 

© F, Buendía
Citas de: Jaime Gil de Biedma y Antonio Machado.

lunes, 12 de mayo de 2014

Insurrección



     No supe que decir, permanecí agarrada a la baranda, encogida, ridículamente desorientada y sin auxilio; miré aquellos ojos que inesperadamente se cruzaron conmigo, los que antes tanto había visto y no pude decir nada… perdida, quede callada. Mi juicio voló, los recuerdos de una memoria involuntaria se levantaron en armas, como un ejército de viejos soldados revolucionarios organizaron la revuelta y las manidas ideas tan guardadas renacieron insurrectas; subversiva ya, giré la cabeza. Los mismos pasos ahora cansados se alejaban de mí una vez más… Pude rescatarme del embeleso cuando apenas una lágrima que no consentí asomó al talud de mis parpados nostálgicos… Y ya en mí, emprendí el camino de regreso a casa.

          De mañana abrí las cortinas de la ventana y entró la luz, calenté agua puse te y mojé una magdalena. De aquella taza salió todo: los pasos yéndose,  los ojos claros, mis ideas, las ilusiones, la temperatura de entonces, en el parque por otoño pisando las hojas… acerqué la cara para oler mejor su aroma.


© F. Buendía     -   y gracias a  Proust




miércoles, 7 de mayo de 2014

El Hombre sin mirada


Pareja de espaldas.

Va a ser una noche fría, así que más vale que cojas tu abrigo, me dijo Luis. Luis es de esta manera, directo y de las dos opciones posibles, siempre elije la más tajante. Aún recuerdo aquella noche que apareció por casa en pijama, tendría unos quince años, yo algunos más; acudió a la puerta y toco al timbre, cuando abrí sonrió – mi padre, que me ha agarrao de una oreja y me ha echao a la calle - no hablamos más del tema, no le dimos ninguna importancia, pero no lo he olvidado jamás.

– ¿Me puedo quedar a dormir aquí?
– Claro que puedes pero vas a tener que acostarte con mi hermano
– ¿Con el seco? ¡Ten cuidao seco! – y se acercó al brasero.

        Él sabía que nos habíamos quedado a estudiar mi hermano, Agu y yo. Era fin de curso y como siempre íbamos tarde con todo; en aquel tiempo teníamos demasiada vida, como para prestarle a los estudios la atención que necesitaban. Luis, ahora se había convertido en un triunfador, tenía terminada una estupenda carrera y los negocios le iban bien; separado de su primera mujer, aún conservaba ese porte bien parecido y fanfarrón.

El ascensor de bajada hacia la callé se convirtió en un féretro compartido donde los más leves sonidos, los movimientos más ínfimos, las respiraciones, los chasquidos de los zapatos rozando en el suelo, parecían salvajes y ensordecedores. Ni una palabra, ni una sola mirada, ningún olor, tan solo la emergencia de llegar y dar remate a aquella eternidad intimidada. La presión en los talones y una tímida flexión de las rodillas me sirvieron para amortiguar el deseado frenazo final, mientras mis manos de azogue morían por empujar la puñetera puerta metálica. Impacientes, mientras se deslizaban lentas, las pequeñas hojas batientes de seguridad. Se adelantó Luis, casi chocamos, torpemente intercambiamos algunos gruñidos balbuceando palabras cercanas a la disculpa o al reproche, hasta que atarantado conseguí salir. Ya en plena calle la noche efectivamente era fría, la más fría de mi vida. Si bien la sensación térmica implica una combinación de la temperatura ambiental y la actitud anímica con la que nos enfrentamos a ella, este frio que ahora sentía, era sencillamente una forma de querer parar la existencia. Julia me saludo desde la ventanilla del coche de Luis; uno, ante estas situaciones tiene la impresión de reconocerlas, de saber de antemano qué va a suceder, y en adelante cualquier cosa que hagas o disposición con la que te manejes, te parecerá falsa, como cumpliendo un guión ya predefinido. Allí estábamos, mi mujer de toda la vida, mi amigo de siempre y yo. ¡Carajo! Cualquier cosa que hiciera daría igual, estaba jodido; tenía el cuerpo entumecido, la sonrisa cuajada y los dedos de los pies bailando convulsivamente dentro de mis zapatos ¡¿Y yo?! ¿Dónde estaba yo…? Me explicaron cómo había sido todo y cómo tendría que ser a partir de ahora, donde tendría que quedarme yo y a dónde irían ellos, y bla, bla, bla… Arguyeron todas las razones para terminar finalmente con un: ¿lo entiendes? Asentí y nos despedimos. Dimos toda una lección de moderno civismo.

El humo del tubo de escape cosquilleo en mi nariz desadormeciéndome del arrecido letargo, ya de vuelta a casa preferí subir por las escaleras a meterme de nuevo en el desapacible ataúd metálico. ¿Por qué? De todos los proyectos que emprendemos en la vida, el de compartirla con otra persona es probablemente el más importante. Es realmente la vida en si misma; cómo vives, cómo sientes, con quien duermes, a quien te confiesas. No son dos vidas juntas si no una vida en común. O así lo entiendo yo, y creí que Julia también así lo entendía  ¿Finiquitarla, no es un fracaso…? Señor y bestia de la decadencia del tiempo, tú hiciste que yo no fuera ya mas su caballero; Dios del desdén y artífice de la repetición el cansancio y el aburrimiento; malvado brujo del pasar que mudas el brillo en los ojos de cada mañana por mezquindad y esquivez cotidiana; ¿cuándo, sin avisar cociste en tu caldero la pócima que acabó con la pasión, la seducción y el deseo? Puñetero devenir que por ansiar ser nosotros para siempre nos acaba molidos del esfuerzo y por querer ir juntos hasta el fin nos cansa de estar siempre tan cerca. ¡Oh, tú que con paciencia todo lo rindes, vuelcas y cedes, maldita seas cruel duración, impávida y cansina letanía de la existencia! ¿Por qué? ¿Porqué con Luis? ¿En qué se parece a mí Luis? ¿No es la antítesis de lo que yo sería?  No entiendo nada…

Empuje la maneta del giradiscos y deje caer la aguja, Lohengrin comenzó a sonar con la delicada suavidad que precede a todos los dramas del mundo. Me recosté en el sillón ciñendo alrededor de mi cuello las solapas del abrigo que aún mantenía enfundado, pues el frio persistía dentro de mi alma y hundí las manos en los bolsillos. En el derecho encontré un encendedor, sorprendido me di cuenta entonces de que llevaba puesto un viejo chamarro que torpemente cogí del ropero al salir; esto sirvió para recordar que cuando deje de fumar hace años, reservé un paquete de tabaco escondido sobre el armario, por si la voluntad me quebraba. De un brinco me levante, corrí a buscarlo y allí lo encontré. Sople fuerte apartando el polvo a la vez que mis manos lo abrían ansiosas y la llama del mechero urgente prendió el primer pitillo. Aspiré profundo mientras los ojos sin apenas fuerza se me iban entornando y poco a poco zozobré en la sórdida  butaca. Heme aquí, nada que conservar, nada que ocultar, pues nada me quedaba. El caballero del cisne huía con la dama rescatada abriéndose paso sobre el lago ¿mantendrán su ideal para siempre? O, tal vez con el paso del tiempo, un día Julia se volverá ajena para mirar el rostro del caballero y extrañada formulará nuevamente la desconfiada pregunta, rompiendo así el hechizo una vez más ¿Quién eres Luis?

 Ya solo en casa, ardía de frio como los metales de Wagner y fumaba mi ducados de siempre. ¡Suerte que cogí el abrigo!


La Nebulosa - © F. Buendía.

Acompañamos con:  Lohengrin - Richard Wagner


martes, 22 de abril de 2014

El hombre sin mirada



Mil gracias derramando

               El Real siempre ha sido una calle antigua, desde La Tienda del paso,  Lope, La Viuda, Baras, La Espartería, Espadas o el Ideal Cinema, al palacete de abajo, siempre antigua y fría; pero si tuviera que escoger una de entre todas las de esta ciudad, es esta la que elegiría. A pesar del dueño del palacio ¡Dios mío¡ lo he visto solo una vez pero no olvidaré jamás esas cejas y su aspecto de noble decimonónico anclado en una gloria  más antigua aún que él. Me hace gracia y siempre que lo recuerdo pienso en que si hubiéramos de personificar la idiosincrasia de esta ciudad medieval que un día adquirió cierta relevancia en el conjunto del territorio que luego se llamó España; la que hoy algunos se empeñan en mantener, trasnochada y absurda, sin sentido y en un tiempo que no le corresponde;  si necesitáramos  elegir un símbolo:  este sería el del  extemporáneo ricohombre amo del palacio de abajo y su suntuosa vivienda barrocamente ornamentada, reminiscencia de una clase elitista que de apoco fue perdiendo los fundamentos y ganando en mascara. Que aprovechando  los restos de nobleza que quedaron adheridos a las piedras de sus palacios e iglesias, forjaron la marca señorial y la vendieron tan a degüello que ha llegado como un estigma hasta nuestros días.
  
            Había quedado con Miguel Angel en el Paseo Mercao  junto a la estatua, faltaríamos a clase porque teníamos cosas más importantes que tratar. Ella bajaba también temprano justo delante de mí Real abajo, ni nos miramos; la noche anterior habíamos discutido;  somos así de estúpidos narices y a veces el orgullo vence al deseo, en ocasiones incluso al destino.

              Por la tarde, en la Villa Alta me esperaban para ensayar los compañeros y amigos de  “En Un Tris Teatro”; por entonces se nos ocurrió montar la obra maestra del absurdo y símbolo del antihéroe femenino, la boba, débil y fea princesa burlada por el príncipe aburrido “Yvonne Princesa de Borgoña” su presencia en la corte suponía un factor de descomposición en el orden establecido, lo que hacía aflorar sin comedimiento, las deficiencias, vicios, e indignidades propias de cada uno de los personajes –.  Llegué con un poco de retrasado y sin mí, habían dado comienzo al ensayo; alrededor de una larga mesa, simulada con tableros, se sentaban los miembros de la corte: Cecilio el Rey contrariado, Barceló la Reina histérica, Pedro el príncipe guasón, Agú el sobreactuado y apuesto Chambelán, Paco M, Beba, Manolo y otros pocos, el resto de cortesanos. Como los propios The Lord Chamberlain's Men en The Globe, todos los personajes del reparto estaban interpretados por actores, es decir, las actrices también eran hombres. Cristóbal se retorcía sobre la mesa con las manos agarradas al cuello; torpe, agonizaba Yvonne atragantada por una espina de pescado que atravesaba su frágil garganta; sublime, la fea cara de Crist descompuesta, interpretando a la pávida princesa. No hube de corregir nada, lo grotesco superaba al esperpento. ¡Genial!  

    Cuando abrió la puerta de la tasca el olor a tabaco y alcohol fermentado suscitaba al Vómito y a la envidia por no haber estado la noche anterior en este local tan de actualidad en plena transición; nido de barbudos, artistas y comunistas. Miguel Ángel se ayudaba económicamente echando unas horas los fines de semana poniendo copas en “El Chinarrale”, y yo portaba el aparato de música con una flamante cassette crome para grabar la Jam Session de la noche del viernes; un cantante local, que ahora sé que después tendría mucho éxito, venia por la ciudad este finde y se esperaba, como siempre, tocata en la tasca. Hoy me pregunto dónde está todo aquello ¡carajo! Nos comíamos el mundo, íbamos a cambiarlo todo, y lo cambiamos…  Acomodados y exactos, nos hemos dedicado a contar nuestros sueldos, ahorros o beneficios hasta retornar a un lugar muy cercano al que nos encontrábamos; profesionales de la política nos han usurpado.

“Mil gracias derramando, 
  pasó por estos sotos con presura, 
  y yéndolos mirando…
                     (S. Juan de la Cruz)

La Nebulosa - © F. Buendía 

Acompañamos con: "La computadora" - Joaquín Sabina.


jueves, 10 de abril de 2014

Un adusto invitado


      Regreso a casa como cada noche y observo sorprendido que alguien espera al otro lado de la calle, alguien que me mira fijamente. ¡Pijo, …en Dios! –mastico sobresaltado–. El me mira y yo le miro, y por alguna extraña razón, me resulta del todo imposible apartar la mirada. Su estatismo me traspasa y me estremece; hace que en mi cabeza se disparen todas las alarmas. Sin embargo, sigo inmóvil como un pedrusco, paralizado. Debería correr y ponerme a salvo –no dejo de repetirme–, pero mi cuerpo no obedece y mis pies, pesados como el plomo, se adhieren incomprensiblemente al asfalto. ¡No puedo moverme! Comprendo que es imposible escapar, algo extraño me retiene. Reparo de nuevo en mi adusto invitado y el tipo, no se ha movido un ápice. “El pasado siempre vuelve” – evoco resignado–, y sé que, de forma inminente, algo va a ocurrir; se precipitara sobre mí y me descerrajara dos tiros Ipso facto  o, me hundirá repetidas veces su navaja. ¡Ahí viene, Dios!

La Nebulosa - © Edy

Acompañamos con:  Shots - Neil Young 


domingo, 9 de marzo de 2014

Roll-on


          Todo eso que a ti te parece esencial a mí me parecen gilipolleces, asistir esta noche a esa cena, la reunión de los sábados, la escuela bilingüe de los chicos, la casa residencial a cuya hipoteca no puedes hacer frente, el coche nuevo, tu puto trabajo y las tetas de tu mujer; para mí no son nada. Antaño tus naderías me provocaron desasosiego y más tarde resignación, ahora ya nada, si acaso lasitud y la certeza de entender que nada quedará de mí en ti más que esa barbilla heredada y que como un estigma llevaras para siempre. Eres un estúpido y no has entendido nada, venderás al trapero todos los libros que hay en mi biblioteca cuando yo muera y aunque apenas cubrirás el sepelio con lo que te den, los venderás porque te estorban, porque no sabes lo que valen, porque necesitas el espacio que ocupan. Yo traté de darte lo que no tuve y tú entendiste que lo merecías, por encima de ti, por encima de tu esfuerzo. 

          Hoy miro a mi alrededor y veo que poco importa y lo que importa no está cerca y lo cercano es baldío. Todas las cosas que me gustan le gustan a pocos y lo que le gusta a todos poco me importa a mí. Más no creo en la reencarnación y en mi hijo nada quedará de mí, salvo esa ridícula barbilla. Limpio cada mañana los dientes que me quedan frente al espejo y miro a quien hay allí, levanto los brazos y miro… y encuentro el mundo en mi axila, como un roll-on que trata de paliar su mal olor. 


La Nebulosa - © F. Buendía.

Acompañamos con: Dust In The Wind - Kansas