Hay
un paisaje grabado en mi mente de dos mil doscientos diecisiete metros dentro
de una sola estampa del recuerdo - La casa de Rosario, la cuesta con seto y el
pilar; el camino estrecho, a un lado el terraplén empinado hasta el eucalipto alto
y el rio detrás de las cañas; los postes
gigantes y gruñones de la electricidad y
la curva de tierra roja al frente donde
cavamos una pequeña puerta para lo que iba a ser una vez una cueva… Abajo
oscuridad y el runm de la espuma blanca, alto el puente… y a mano izquierda
después de la valla alta la pequeña
aldea mirando al agua mansa… gris el
suelo de moredas; tornillos y piezas mecánicas oxidadas, abandonadas entre el hierbazal; el camino a la escuela después; huertos, la alberca… Doña Juana en su tarima delante de
lo que el domingo sería el altar de Don Diego… ¡Todo a la vez, por todos sus
lados superpuesto… ¡ Hay caras y cosas, nubes, piedras y letras, que caben en mi estampa… pero no aquí.
Anoche soñé que volvía a casa, Papá trenzaba ajos sentado en la acera de la central eléctrica, desde la coca que trababa en el dedo gordo del pie hasta sí enristraba… mamá en su tabla de lavar sobre el barreño lavaba… y la luz del sol fresca aún en la mañana de verano: Eucaliptos e higueras, dos pinos y un melocotonero; jaulas, gallinas, un estanque y bajando hasta el camino a la derecha el huerto… habían inventado un mundo a su alrededor lejos del universo. Mamá que necesitaba gafas para ver, quería mirar el camino que sube lejos y distinguir lo que imaginaba; papá que sí veía, veía que no había nada ¿qué ve mamá? Yo me preguntaba.
A través de las cortinas,
siempre detrás… te veo, pasar desde mi ventana o en la tuya asomada… tu nombre
enmarcado junto a los contactos de mi celular, en los portarretratos de
las fotos que guardo de ti… te miro; echada, rodeada por mariposas sobre la pequeña
baranda que corona el alféizar del balcón en tu casa vieja, donde aquella vez
no te vi, te veo, frente al hospital de
piedra… En todas las ventanas que encuentro estas, a las que miro, desde las
que acecho, todas te recuerdan: Agujeros, portillos excavados en la piedra;
rosetones y vidrieras; ventanas de papel del Japón… caos de un millón de
cristales en Manhattan desesperado hasta que te encuentro… busco; en la otra
orilla del gran canal te imagino andar por las callejuelas de Venecia pegado
anheloso a la porta del Vaporetto… creyendo verte pasar mientras pasas tu
ligera… Entre las estrellas, apostado en
la cubierta de observación de la Enterprise te sueño.
Estoy bien… pasan lentos los ratos en casa suena yéndote un silbido muevo mecánico mi pañuelo reservo lágrimas de postre en la alacena Todo lo que pasa, pasa cuando pasa y menos lo esperas, a pesar de venir de a poquito como cede el canto cuando cede de ver pasar el río Y cae incesante la arena de un reloj de arena Al final del corredor hay un espejo y cada vez que cierro los ojos la misma idea llevo, un lado sin nadie en mis paseos Encenderé en el jardín de noche las velas seré lo que quiera… lo que sueñe si sueño seré yo mismo embelesado viendo girar las ruedas
Debo
buscar razones que justifiquen mi quietud, mi nada más al viento, como los
molinos ramell en Sa Pobla – Mallorca, empujados por una flecha… dejados de lo que
una vez fueron al capricho del aire; gris donde las palas lucieron fuertes de color
y ahora solo chirridos y quejas. A eso de tanto andar olvidé la salida, perdí
el destino y encontré a cambio de todo tanto que… apenas nada. Resignado a la contemplación cuento
estos días embelesado en Linares-Baeza de una en una todas las traviesas de la
vía, escucho los trenes que arrancan y en los que a nadie despido, son cuatro
millones de pares; pisan las
maderas raíles que escapan cobardes y concomitantes hacia el horizonte, hasta donde mis ojos operados ya no distinguen…
Como un trompetista bizco con la cara hinchada… quedo allí sentao oliendo la
grasa… viéndolo pasar.
Esta carta me llegó hoy, yo que nunca recibo… voy a tratar
de leerla:
Palacio
de las moredas 21 de agosto del presente
Señor Buendía, a usted que
fue solo un rato toda mi vida y que sin entender por qué no lo he
olvidado; quisiera pedirle que se retire, que sin causticidad entienda
que deseo… usted deje de vivir, que muera. Pues debe saber la grave molestia
que para mí es su presencia, incluso de oídas la certeza de su existencia…
tan larga y aburrida: en el olvido, en el recuerdo y en el reencuentro...
Señor, sepa que solo sus deleitosas torpezas provocaron en mi corazón estas
profundas heridas, todas: Sus obsesiones, ensueños y ambigüedades, aquel
absurdo subjetivismo, la exasperación de su extravagancia... los noes y
los síes, los peros… el desasosiego. Mi querido Fernando, de mi
desaparezca; sin que malentienda mi gusto espero, pues solo quisiera no
volver a necesitarlo… y no encuentro otro remedio para mi bien que su
inexistencia. Quisiera de esta manera recuperar el aliento y volver a
dormir con tranquilidad no más que hasta el amanecer reposada y esperar cada
día el desayuno descuidada en la cama. Conozca mi malestar el daño y las
molestias a lo largo de los años suscitadas, el runm runm incesante en mi
cabeza hasta romper en la locura; asimismo considere el perjuicio
ocasionado, lucro cesante por no haber aprovechado el tiempo
de su culpa perdido… con otro más elemental y menos
indeterminado.
Entérese también, sepa señor, que
especialmente la casa se me hace insoportable en las tardes en que asomada a la
ventana miro hacia la esquina del antiguo hospital de piedra cuando por un
casual y con aire desgarbado por allí cruza la decaída caricatura de lo
que antes, Distinguido y olvidado, usted fue… ¡si bien recuerdo
aún su fina estampa¡ Y con las manos apretadas a la pequeña baranda,
trato de cerrar los ojos para no ver… pero usted, inexcusable pasa.
Sin más me despido, sin nada, sin quererlo…
sin poder ¡ansiado olvido¡
Genoveva Oliveira
No sé de
quien vino ni debo querer saberlo, el cartero la dejo en el buzón junto
al resto de la correspondencia: recibos domiciliados y saludas de los bancos…
Pero ¡el tiempo huye…¡ he leído en esta carta, hacia atrás de mí
ahora… El presente es como el punto de fuga en una perspectiva, es un
vértice impropio, situado en el infinito y que solo tiene sentido como
referente para recrear la realidad, el pasado y el futuro constituyen las
aristas que conforman el volumen. Siempre estamos en el punto de fuga, impropio,
situado en el infinito, pero siempre huyendo hacia cualquier rincón, el que fue
o será... Olvida si puedes que existimos una vez querida y
recuerda que en realidad na fuimos… que solo soñamos… Pero si has de
imaginarme, imagíname siempre al acecho...
Es tan
larga la espera mientras casi nada la vida, nada… ¡tan cansada la
insistencia… y delirante es la utopía¡ …tan fatigoso hacer y desleal la
perseverancia… Me gustaría escribir una
larga carta ahora para listar mis ambiciones contigo, disimular
entre sus líneas el deseo… y prometerte besos de por vida, llegar a
viejo contigo… quisiera. Pero te juro
que no pensé jamás… que pasaría
vergüenza descamisado en tu presencia… de mi cuerpo deslucido “Tú mal y tú bien, tu pan y tu vino… o tal vez
esa sombra…” Nunca supe que todo eso sería; no en mi fin.
Suena mientras pienso Nacho Vegas en mi spotify “Y ahora busco nuevos
planes, sobre todo sobrevivir, como un pez sé nadar en un mar de mediocridad “
Es curioso que entre el desasosiego y el no-tiempo; en mitad del caos… a veces
llegan mensajes que un rato resuenan; no duran mucho, pero un poco se quedan…
humean como una pistola usada y desaparecen después ¡demasiadas señales¡ ¿Crees
que puedes soportar durante mucho más tiempo esta consideración? Es la fe
que se mantiene a ambos lados con la convicción de no joderlo todo… de no saber
cómo se detiene… sin palabras, asustados… al borde.
Dos
habitaciones grises a cada lado del norte, idénticas y aburridas, a merced del viento
y el hastío… Y un pasillo eterno por donde escapa la vehemencia al
tempo que los avisos publicitarios en la televisión… ¡suenan… suenan¡
fuertes por más que bajes el volumen… ¡suenan tarde¡ …hasta enloquecer. Y
después todo calla… Palpita malhablado mi corazón… tratando
de justificar la culpa… entumecido, como viniendo del frio ¡Tack, tack… tack…¡
en esta vida… aterrados, paralizados… sin qué decir… ateridos… fuera de sitio.
¿Cómo
podría de nuevo fascinarte, hacerte reír… desprenderme de este mal…? Y, que a pesar de todo comprendiéramos “que
un solo toque de nuestros dedos podría hacer explotar nuestros circuitos” eso
creo, si no se ha convertido también en una ilusión, en la nostalgia de una
costumbre ¿qué queda de cierto? “A veces despierto y toco mi barba, y me
pregunto si estoy herido o muerto, si acaso me perseguirán los hechiceros que
juraron mi mal bajo la luna… pero nada, solo duermo” y apenas frio.
No sé si
eres a quien hablo… no recuerdo cuando dejé de traerte
flores… Donde dormíamos el viento ha tirado cosas y la hierba crece entre
las habitaciones, el paisaje es de arrugas… el tiempo lo ha movido todo y
aunque parezca el mismo lugar, no volveré con flores… ¿Es esto el futuro?
porque se parece tanto a la resignación…¡¡¡
Como cada mañana, la mujer, cántaro
enristre, sale a la calle en busca del pozo de “Agua Buena”; un surtidor
artesiano de agua limpia y fresca que es compartido y apreciado por los
habitantes del lugar. Mientras espera turno, departe solazada con sus
coterráneos.
El aguador, pájaro tempranero, aúpa
cubos del pozo y atiborra con presteza las alcarrazas de su burro de Lucena
desde las primeras luces del día. Provee de agua a vecinos y transeúntes. De
esta manera saca unos cuartos que le dan para ir tirando.
Federico el barbero, uno de sus puntuales
compradores, ya le espera en la plaza, a la puerta del negocio, con su cantarete.
Viudo de años y solitario, gusta de levantarse pronto. Se complace observando el
movimiento del pueblo desperezándose... devuelve, siempre con buen ánimo, el saludo a los pasantes.
Teresa, la joven asistenta de
Don Julián, principal del pueblo, asea con devoción a su párvulo niño con el
agua de ayer. Cuando llegue el aguador le rellenara la tina y, con buena maña, se
dará a la sufrida tarea de batir la colada; restregando una y otra vez, enérgicamente la ropa sobre la tabla. La sosa, que se añade al jabón para un mejor resultado,
ha despellejado sus dedos y, con el tiempo, ajado sus manos.
Ahí viene el panadero voceando
sus viandas; trae pan recién hecho, bollos de aceite, trenzas, magdalenas, ochíos
y tortas de azúcar…
Negativos positivados son colgados al revelado ¿Qué quieres de mí? Parece
preguntar la secuencia del cordel colgada – Nada, espero que aparezcas en el
papel fijada, que seas solamente –
Estuve
esta tarde repasando en mis cajas de cartón todas las razones que me llevaron
al mismo lugar. Rebusqué en mi voluntad, en cada recuerdo que encontré… y en las notas que escribí. He hojeado mi
memoria de papel couché y mirado a contraluz todos los negativos… souvenires de
este viaje…
Era todo tan perfecto… que no recuerdo nada que lo pudiera
estropear… apenas nada. Las cosas son como queramos recordarlas, aunque de
entre todas las que me empeño, esta fue completa… nada que añadir ¡Todo
tan perfecto¡ a veces pienso que puedo volver. Pero la memoria trastorna el
orden de las cosas dándoles el lugar y espacio que a ella le parece, es una vieja
desconsiderada, desordenada y
caprichosa.
Cuando llegué a la cuidad, me espantó el oscuro verdín de sus piedras y
la mala olor en el mercado de abastos ¡aquel frio tremendo…¡ también los
sonidos pasando de sirenas. Pregunté ¿Qué es? Y me respondieron algo que no
entendí – Llevan enfermos al hospital comarcal con urgencia - ¿Porqué con
tanto ruido y con tanta prisa? – Porque pueden morir si no llegan a tiempo – Ni
la urgencia, ni al hospital como concepto ni la muerte comprendí; no eran
entonces razones fundamentadas para mi bucólica conciencia… Ni tampoco los
cantos en las noches gélidas y oscuras de sirenas.
A mi llegada las calles eran húmedas de niebla, el viejo rincón de “La
Tienda El Paso" un enigma, un túnel imposible de acertar a qué lugar
o época te conduciría camino del Real… en la otra puerta. Y las miradas
perdidas en los portales... fetiches escondidos tras las caretas de raso blanco
que como almas nigromantes bajo los capirotes de cartón y sus túnicas púrpura,
erguían aún las velas encendidas; seres que del todo no
murieron y buscan su tiempo.
Así sucedió mi primer día y mi
primera noche, y al despertar “¿Era yo el mismo esa mañana? Aunque creo
recordar que me sentía un tanto distinto. Pero si no era el mismo, la
pregunta siguiente fue ¿Quién a partir de ahora sería?”
De forasteros uno
se cansa en ciudades como esta, hecha sobre escombros de la
historia y retales de costumbres viejas. Así que hoy, maestro de lo imperioso
y ama de llaves en la urbe, doy lecciones de silbidos a los recién
llegados mientras me aburren sus caras estúpidas de extrañeza… Les hablo sobre
quien fueron los amos de estas piedras y qué momento debiéramos recordar de
ellas, cuándo tendríamos que parar su historia - Consciencia heredada entre individuos y
civilizaciones solapadas, pues con los desechos de los que se fueron levantaron
sus templos quienes llegaron ¿Cuál es el instante bueno, el que debiéramos
guarda para siempre? ¿Qué razón tiene la piedra? Al atardecer bailo como un hechicero entre los cubos de
restos de pescado detrás del mercado, desnudo mis manos al fresco… y me rio del
fin. Amarrado al mástil escucho desorientado cada noche tu voz...
Más todo es
distinto
Subí a la atalaya para mirar
lejos esta tarde desde el cerro, pero mi torpe vista miope nunca me dejar ver
lo que sé que está allí, así que lo he imaginado mientras el aire me
refrescaba la cara. No tengo ya casi nada, he pensado; el tiempo
consume las cosas, el tiempo es así, todo lo acaba y luego te lo hace
recordar. Hoy me he acordado de ti, tarde… ya sabes cómo soy; he
recordado el futuro de 2001, contigo en el cine de la Safa, yo llevaba una
camiseta amarilla con un slogan ya pasado de moda; tu un vestido vaquero y
sandalias, una coletita te recogía el largo flequillo atrás, liso, castaño tu
pelo… Era primavera como ahora del mil novecientos setenta y siete, “una odisea
en el espacio” Carmen que nos acompañaba se sentó entre los dos, la pusimos en
ese aprieto, tímidos, torpes y estúpidos cándidos… bajamos las escaleras de
salida entendiendo que el porvenir seria nuestro.
De lo pasado solemos, aún en la
razón, demandar lo que observamos desde un solo lado del conflicto, por lo que
resultamos poco objetivos ¡Y así podemos andar siempre sin conseguir entender
el todo de lo que realmente nos importa y de lo que sucedió¡ Vemos con
facilidad la otra parte, sin contemplar apenas la propia nuestra. Y de la
otra, miramos más lo que nos traiciona, impidiéndonos esto valorar otros
aspectos que pudieron también ser. Somos así de estúpidos ¡narices¡
a veces el orgullo vence al deseo, en ocasiones también al destino.
Un tipo de cualquier vez, asoma
su cara atemporal por una ventana en La Corredera. Mira sin quehacer las cosas
que pasan y muestra alegre su dentadura blanca mellada “Y tú que
sonríes, me gustaría decirte que me has dado del día lo más bello”
A medianoche tuve una necesidad y me cruce con Papá de paso a la entrada
del baño…
Ahora que cada vez más pienso en lo que ha sido todo, que mi mujer me ha
dejado y me asusto de caras extrañas en
la almohada “que perfuma el
recuerdo… que aún se mece en un sueño”
…Descubrí de vuelta que solo era un reflejo de mí mismo en el espejo
sobre el lavabo…
Ahora que me parezco a mi padre cuando era mi padre… que tanto me cuesta
creer, que más cada vez solo recuerdo y…
de Papá una estampa soy.