jueves, 11 de septiembre de 2014

Ducados


  Ducados. 

           En la cajetilla solo quedaba un ducados arrugado y aunque mi garganta hervía y no soportaba mas brasa, salí a comprar tabaco, pues desespera la idea de echarte a dormir sabiendo que sobre la mesilla no hay nada.   

  Los principios se me dan bien y los finales, pero me cuesta lo de en medio ¡demonios¡ el hígado me hervía como un cocido maragato y mi cabeza resoplaba cual una exprés desajustada ¡Pufm, Pufm, umf puf, pufm¡ el calor me asfixiaba  ¡plaf, plaf, punff¡ ¡¡Caray, abrid la ventana¡¡ Cuando a uno le pasa esto, le importa una mierda el mundo, no quisiera ni morirse, por tal de jugársela a la puta vida. Desesperado, quede dormido y cuando uno despierta después de haber claudicado de esta manera… Se despierta uno con sed, y enfadao; pero si no tienes a quien te vea…  da igual  ¿Dónde está mi cajetilla de ducados? Empuje la mesilla que cayome sobre el pié del que el dedo gordo ahora sangraba, pero callé tratando de no mojar el único sigarro que me quedaba y que encendí gruñendo de doloo mientras chupaba y las lagrimas se metieron en mis labios que empapaban la meca que yo chupaba; llorando, dolido, endiablado maldecía pero fumaba… fumaba ¡Caray¡ a uno no le importa ni el dolor que siente y que te quemes los pulmones te gusta, cuando te quieres quitar la pena de la vida…  ¡La vida da pena.

   ¡Nadie¡ nadie, era de día y yo estaba solo, como todos los muertos de los cementerios, soleados los días de sol y sin nadie…  todos muertos;  solo y callado como si no hubiera ninguno al lado o el que estuviera, fuera un muerto. La cajetilla vacía, mi dedo sangrando y yo como un muerto. Miré desde el balcón y lo vi todo más no  pude tomar nada, nada… todo claro pero mi mente nada alcanzaba, evidente pero ajeno, al otro lado del espejo. Mis dientes descarnados bailan por la desesperación de no ser más que viejos, solo viejos… amarillos y viejos, en el espejo;  asustan cuando rio pues solo me resta ser serio; nada cuido porque envejezco y envejezco descuidado, a veces fumando sonrío solo si estoy solo frente al espejo y solo envejezco. Muy bajito, ya nada se escucha, casi nada… todo en silencio… suena como una bendición,  bajito… sin nada, un velo entre la ausencia y el todo, como todos  los lugares adonde nos quisieran llevar  …suena bajito, calla, calla…


La Nebulosa - © F. Buendía 


                                       



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